Estaba viendo Biutiful esta tarde. En la cinta se menciona cómo las mafias de tráfico de personas esclavizan a inmigrantes que llegan a Barcelona en busca de una vida mejor. La escena me recordó un episodio que viví en carne propia hace algunos años, cuando, tratando de ahorar dinero en el otro lado tuve que enfrentarme yo mismo a la realidad de los inmigrantes: buscando donde vivir, me vi obligado a buscar trabajo en un restaurante chino.
Ya me habían advertido que el peor lugar para trabajar era en un restaurante chino: mínimo 12 horas de trabajo interminable pagados al estilo de México, es decir con migajas. Pero el hambre es brava y me detuve en aquel restaurante chino pidiendo hablar con el dueño.
El chino que manejaba el lugar estaba comiendo algo con las manos detrás de un mostrador, y cuando uno de los meseros (mexicano of course) me presentó con el, llamémosle señor Lee, esté me miró fijamente unos segundos mientras daba grandes masticadas que le salpicaban los labios de manera grotesca. Entonces agarró otra cosa de su plato (era una cosa amarilla cuyos jugos escurrrían entre sus dedos) y señalándome me dijo en un inglés cortado:
"We hire only cool people!" . luego le dijo al mesero que me indicara el procedimiento para ser contratado. El mesero me llevo hacia la salida y me señaló unos departamentos miserables que se veían del otro lado de la calle. Eran esos típicos edificios para pobres que hay en el otro lado. Entonces aquel "compa" me explicó que un requisito para trabajar era compartir piso con otros mexicanos en alguno de aquellos departamentos que, casualidad, eran propiedad del señor Lee. El costo se descontaba directamente de mi trabajo semanal que consistiría en trabajar de 7 am a 22:00 con una hora para comer ganando el equivalente sueldo miserable que gana un obrero en México. El mesero me dijo que la cocina estaba llena de latinos y que cada departamento, de dos cuartos, alojaba unos 10 trabajadores que daban servicio a restaurantes, compañías de limpieza, etcétera, majeadas por mr. lee y sus socios. Estuve a punto de aceptar el trabajo, pero tuve suerte y encontré algo descargando camiones por las noches.
Biutiful no descubre el hilo negro, solamente lo cuenta poéticamente. Esos esclavos chinos en realidad somos todos, en un nivel u otro. Los esclavos son necesarios para el "mundo libre" e, irónicamente, estas películas son una buena forma de escapar de esa realidad. Aunque la verdad, como anda la cosa en San Luis Potosí, es mejor bajarla de Internet...
martes, noviembre 09, 2010
lunes, octubre 04, 2010
Un pastel con la bandera de México
En septiembre de 2006 estuve de visita en Nitra, Eslovaquia. Cuando llegué al departamento de Monika, la amiga que visitaba, lo primero que vi fue un pastel decorado con la bandera de México. Debo decir que quedé muy sorprendido.
Es curioso lo que pasa cuando uno se aleja del lugar donde vive por un tiempo: cuando las personas, los lugares no están físicamente, toman un significado mucho más poderoso. De pronto tuve conciencia que yo era mexicano y que me gustaba serlo en muchos sentidos. Yo no me veo como un nacioanlista... nis iquiera como un patriota. Pero si me veo como mexicano. Y por eso aquel gesto de mi amiga (y de su prima Sisa que había decorado el pastel) hicieron que sonriera emocionado. Era un privilegio ser de México, tener amigos en un país tan lejano como la hermosa Eslovaquia, pero sobre todo saber que tengo un hogar, donde formo parte de los lugares y los recuerdos de mucha gente.
Si algo significa ser de un país tendría que ser eso y no el nacionalismo. Pero eso es otra historia...
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| Como se puede ver, el color de la bandera está equivocado porque debe ser verde,blanco y rojo, pero el detalle del escudo y el hecho mismo del pastel fue impagable. Gracias Monika y Sisa |
lunes, julio 05, 2010
domingo, junio 27, 2010
Confieso que soy un «mendigo del buen fútbol», que recorre los estadios y pide una linda jugadita, por amor de Dios
Para mi amiga uruguaya que me envío desde Montevideo el libro “El Futbol a Sol y Sombra” de Eduardo Galeano
“La pelota y yo nunca pudimos entendernos, fue un caso de amor no correspondido. También era un desastre en otro sentido: cuando los rivales hacían una linda jugada yo iba y los felicitaba, lo cual es un pecado imperdonable para las reglas del fútbol moderno”.
- Eduardo Galeano
Durante el mundial de 2006, yo me encontraba de viaje en Cuba asistiendo a un curso al que me había enviado en el trabajo. El primer juego de México en aquel mundial fue contra Irán y aunque la televisión cubana transmitía todos los juegos, yo no pude ver el encuentro porque me fui con unos amigos venezolanos a dar una última vuelta por la Habana vieja. No obstante, buscando comprar unos discos de música cubana, entré a una tienda y me encontré a los empleados de la misma en el mostrador mirando el partido. “¿Cómo va?” pregunté. Y me contestaron sin dejar de ver la pantalla, que el juego estaba empatado 1 a 1.
Quise seguir viendo el juego, pero una de mis amigas venezolanas me llamo a que viera un disco. Estábamos ahí cuando se escucha un “¡Gooooooooooool!” que provenía del mostrador. Me acerco apresurado y veo que es de México y que los cubanos de la tienda lo celebran con puños cerrados. Entonces uno de los cubanos me mira y me dice con una sonrisa: “¿mexicano verdad? “ y yo contesto con un “aha” lacónico pues estoy mirando la repetición del gol. “Tranquilo, ya vamos ganando” dice el cubano y se vuelve también a mirar la televisión. “¿Vamos?” me preguntó mientras bajo la mirada para ver a aquellos dos habitantes de la Habana, que miran un juego del campeonato mundial de fútbol de Alemania 2006, y que celebran el gol de México como propio.
Pienso que el fútbol, como otras cosas, ilustra lo mejor y lo peor que tenemos los humanos. A unas horas del juego de México ante Argentina, uno entra al Twitter, a los comentarios de los portales de deportes, a los podcast, etc., y lo que se encuentra son insultos, racismo, violencia verbal entre los contendientes de los diferentes países. Pero al mismo tiempo, uno puede ver escenas como ésta que presencié en Cuba, o imágenes como las del seleccionado australiano, conmovido por la despedida que le dio el público cuando se despidieron de la copa de este mundial de Sudáfrica. O como la diversidad de culturas que se ve en muchas de las selecciones, incluida la de México, donde tenemos un mexicano por adopción. O la alegría que me expresaron en Facebook desde Madrid una amiga venezolana (que conocí en aquel viaje a Cuba) y desde Praga una amiga eslovaca, luego de la victoria de México ante los franceses. Pero sobre todo, cuando se anota un gol y todos celebramos. El gol es una alegría compartida y sabe mejor cuando lo celebramos por su belleza que anula cualquier otra característica del mismo, como la nacionalidad del anotador, o el nombre del equipo.
Y creo que los jugadores de México que disputarán un partido de octavos de final el día de hoy contra Alemania, podrían sentirse contentos de estar en el evento, de poder divertirse, de ser protagonistas de un juego que se verá en muchos lugares del mundo. Y que den esa jugada que asombre, que aplaudan los aficionados. Y que lo mismo haga la selección de Argentina con esos jugadorazos que tiene y que recordemos este partido como uno de los mejores del mundial.
Hoy veo que mi amiga madrileña Raquel escribe que le va a México en el juego de hoy. Yo también quiero que gane México. Pero también, gane quien gane, quiero un gran juego, para que ganemos todos. Y recibir desde algún punto del mundo, mediante Facebook, el Twitter, e-mail o el sms, un comentario que diga “¡Que partidazo que vimos el día de hoy!”.
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