Desde que llegó a dirigir la selección de México, dos cosas han sorprendido de Sven Göran Eriksson:1. La rapidez con que aprendió español y
2. Su capacidad de entender el profundo pesimismo de una parte de la sociedad mexicana, que incluye a los aficionados al fútbol.
Desde su primera aparición pública, Eriksson entendió que el pesimismo es un protagonista de la vida de muchos mexicanos, luego de escuchar la siguiente pregunta de un "periodista":
"¿Es cierto que viene a cambiar la mentalidad del jugador mexicano?". En aquella ocasión, el sueco abrió los ojos desconcertado ante tal desproporción. Y entonces, tragando saliva preguntó él a su vez: "¿No es demasiado pesimista pensar eso?". Y agregó : "No puedo transformar 22 futbolistas mexicanos en 22 futbolistas suecos".
Hoy, que la selección mexicana tiene un juego clave para avanzar a la eliminatoria rumbo a Sudáfrica 2010, Sven vuelve a dar una terapia a la prensa y a parte de los aficionados al declarar con candidez, ante la pregunta hipotética de un "periodista" sobre la eventualidad de una derrota que dejara fuera del mundial a la selección de México, que:
"Hay que ver la vida con optimismo. El pesimismo no ayuda. Si uno se levanta optimista por la mañana, las cosas son más fáciles. La vida es muy bonita...". Más o menos así lo dijo Sven con una sonrisa
Lo paradójico de la situación es que, en el imaginario colectivo, el mexicano es alegre, macho y patriotero. Se supone que a nosotros nadie nos somete. "No la pelan" es la frase típica. Y pese a las penurias económicas, la violencia del narco y tal, todo es alegría. Por el contrario, para el imaginario colectivo, Suecia es un país cuyos habitantes son fríos, con tendencia al pesimismo (las películas de Ingmar Bergman serían el ejemplo), con mucha riqueza pero con muchos suicidios, etcétera.Y es curioso que un habitante de aquel país que se supone frío, impersonal, etc. venga a México y sin quererlo dar un consejo para fomentar el optimismo de los pesimistas aficionados de México.




