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lunes, junio 16, 2008

Equipo de fútbol mexicano paga 9 mil dólares diarios a su entrenador


Mientras espero que mi ropa termine de lavarse veo en la tele que el nuevo entrenador del América, un equipo de fútbol de México, pagará más de 9 mil dólares diarios por un año a su nuevo entrenador. Me sorprende mucho, claro. Y la pregunta que me viene a la mente es obvia: ¿Por qué existe tanta diferencia entre el trabajo de un deportista y el trabajo de una maestra rural? ¿Por qué es más importante una cosa que la otra?

Me gusta ver el tenis y el fútbol, y debido a una saturación de noticias, ahora casi veo exclusivamente el ESPN, y sé que mi actitud, es decir, mi interés por los deportes, junto a la qu tienen millones de personas, es lo que hace que el fútbol o el tenis tengan millones de euros en ganancias y que puedan pagar lo que pagan a un atleta. Pero si uno lo piensa, las ganancias que surgen de un estudiante que aprende gracias a una maestra rural que no debe ganar más de 500 euros al mes (o muchomenos) es más grande que la de un atleta. Porque la educación es lo único que puede ayudar a un país del tercer mundo como México a crecer y dar más posibilidades de desarrollo a sus habitantes, como lo señala esta colección de artículos del pedagógo mexicano Pablo Latapí, subidos a la Internet por la investigadora Sylvia Schmelkes...

lunes, junio 02, 2008

El desprestigio de Dios

"¿Se imaginan que Dios esté pendiente de un partido de fútbol en lugar de, por ejemplo, la terrible situación de la hambruna...?"

Enciendo la televisión y me encuentro con la noticia de que María Sharapova perdió los estribos de fea forma ganándose abucheos de los espectadores cuando Safina la derrotó en Roland Garros. No me sorprende tanto porque ella está sufriendo lo clásico en las tenistas: decidirse si ser modelos o deportistas. Pero lo que me impacta más es la noticia siguiente: uno de los jugadores y el entrenador del equipo campeón del fútbol en México atribuyen parte de su victoria a Dios. El agua mineral se me atraganta.

El perro, que me mira en el pasillo levanta sus orejas mientras me levanto tosiendo. Pobre Dios, la idea que tenemos de él es tan mediocre, que quizás eso explique su abandono del mundo.

¿Se imaginan que Dios esté pendiente de un partido de fútbol en lugar de, por ejemplo, la terrible situación de la hambruna, de los desplazados por guerras, por terremotos o huracanes por ejemplo en Myanmar?

No juzgo aquí la fe del entrenador del equipo de fútbol, ni del jugador. Lo que juzgo es la idea que prevalece en nosotros de lo que es Dios. Alguien que se siente agradecido porque unos borrachos avientan cohetes y fuegos artificiales en los días de fiesta religiosa. Un Dios que creemos que es feliz si nos vamos de rodillas hasta su templo. Un Dios preocupado de diversiones, si bien importantes, efímeras en el contexto de la vida. ¿No sería más agradable para él, algo productivo. No sé, que uno se proponga mejorar la relación con la familia, con sus amigos?.

Y no sólo ocurre en México. Pasa en todo el mundo, como cuando el famoso piloto de Fórmula I, el polaco Robert Kubica atribuyó al fallecido Papa, Juan Pablo II, haberlo salvado luego de un terrible accidente en el 2005.

Si Dios se siente halagado por estas demostraciones de fe, por estos agradecimientos, entonces que Dios tan mediocre, tan pobre de pensamiento, de ideas, de amor hacia la gente. Si Dios fuera factor en una victoria deportiva, entonces también debe serlo en la violencia del narcotráfico, en los terremotos, en los huracanes, en los sacerdotes pedófilos, etc. .

Pero, Saramago Dixit, Dios es inocente. Porque si él fuera responsable, si fuera un factor, entonces la vida no tendría sentido. Porque al final, cada acción que llevamos a cabo, ya sea un gol, en fuera de lugar o producto de una gran jugada, es consecuencia de una decisión, de un trabajo. Y lo mismo sucede con la delincuencia y la corrupción.

Sin embargo, está claro que la idea de Dios, el concepto que tenemos de él, está tan desprestigiado que seguiremos atribuyéndole a él nuestros éxitos y fracasos. Porque siempre será más fácil cargar a otro la responsabilidad de nuestros actos, e incluso la de los actos de otros. ¿Quién sabe? quizás por ayuda divina Safina le ganó a Sharapova el día de hoy, y por eso ella gritó maldiciendo. Ni modo, así somos, así lo quiso Dios…