jueves, febrero 03, 2011

Pesadilla: soñé que era un sicario

Tuve un sueño impactante anoche: era bajado de un tren, detenido en el medio de la nada, por unos hombres armados. Me decía que tenía que ir y darle de tiros a no sé quién porque, desde ese momento trabaja ya para no sé qué cartel de drogas. Luego me daban una metralleta y me advertían que "el trabajo" debía estar para el día siguiente, so pena de ser castigado.

Luego, como sucede en los sueños, estaba en un bar con mesa al aire libre explicando angustiado a una amiga - cuyo rostro no reconocí - que tenía miedo de regresara mi casa, a mi ciudad porque si no hacía "el trabajo" entonces los sicarios del cartel me iban a asesinar.

Entonces me despertó la tele, que está programada para encenderse a las 5:40 en el noticiero de Ricardo Rocha. Mientras me quedaba claro lo de mi pesadilla me pregunté que estaerían soñando los miles de niños que han quedado huerfanos por la "guerra contra el narco". Niños que quizás estuvieron presentes en el momento que sus padres fueron asesinados y que ahora puede ser que estén sin rumbo... caminando sin rumbo. Yo tengo pesadillas porque en mi ciudad, de repente, hay balaceras. Porque leo la revista Proceso, etcètera. ¿Que soñarán los que sí han sido víctimas físicas de la guerra contra el narcotráfico?

Imagen dibujada por Paul Bielaczyc publicada en el sitio Aradani

martes, noviembre 09, 2010

Biutiful... y un cuento de chinos

Estaba viendo Biutiful esta tarde. En la cinta se menciona cómo las mafias de tráfico de personas esclavizan a inmigrantes que llegan a Barcelona en busca de una vida mejor. La escena me recordó un episodio que viví en carne propia hace algunos años, cuando, tratando de ahorar dinero en el otro lado tuve que enfrentarme yo mismo a la realidad de los inmigrantes: buscando donde vivir, me vi obligado a buscar trabajo en un restaurante chino.

Ya me habían advertido que el peor lugar para trabajar era en un restaurante chino: mínimo 12 horas de trabajo interminable pagados al estilo de México, es decir con migajas. Pero el hambre es brava y me detuve en aquel restaurante chino pidiendo hablar con el dueño.

El chino que manejaba el lugar estaba comiendo algo con las manos detrás de un mostrador, y cuando uno de los meseros (mexicano of course) me presentó con el, llamémosle señor Lee, esté me miró fijamente unos segundos mientras daba grandes masticadas que le salpicaban los labios de manera grotesca. Entonces agarró otra cosa de su plato (era una cosa amarilla cuyos jugos escurrrían entre sus dedos) y señalándome me dijo en un inglés cortado:

"We hire only cool people!" . luego le dijo al mesero que me indicara el procedimiento para ser contratado. El mesero me llevo hacia la salida y me señaló unos departamentos miserables que se veían del otro lado de la calle. Eran esos típicos edificios para pobres que hay en el otro lado. Entonces aquel "compa" me explicó que un requisito para trabajar era compartir piso con otros mexicanos en alguno de aquellos departamentos que, casualidad, eran propiedad del señor Lee. El costo se descontaba directamente de mi trabajo semanal que consistiría en trabajar de 7 am a 22:00 con una hora para comer ganando el equivalente sueldo miserable que gana un obrero en México. El mesero me dijo que la cocina estaba llena de latinos y que cada departamento, de dos cuartos, alojaba unos 10 trabajadores que daban servicio a restaurantes, compañías de limpieza, etcétera, majeadas por mr. lee y sus socios. Estuve a punto de aceptar el trabajo, pero tuve suerte y encontré algo descargando camiones por las noches.

Biutiful no descubre el hilo negro, solamente lo cuenta poéticamente. Esos esclavos chinos en realidad somos todos, en un nivel u otro. Los esclavos son necesarios para el "mundo libre" e, irónicamente, estas películas son una buena forma de escapar de esa realidad. Aunque la verdad, como anda la cosa en San Luis Potosí, es mejor bajarla de Internet...

lunes, octubre 04, 2010

Un pastel con la bandera de México



 En septiembre de 2006 estuve de visita en Nitra, Eslovaquia. Cuando llegué al departamento de Monika, la amiga que visitaba, lo primero que vi fue un pastel decorado con la bandera de México. Debo decir que quedé muy sorprendido.

Es curioso lo que pasa cuando uno se aleja del lugar donde vive por un tiempo: cuando las personas, los lugares no están físicamente, toman un significado mucho más poderoso. De pronto tuve conciencia que yo era mexicano y que me gustaba serlo en muchos sentidos. Yo no me veo como un nacioanlista... nis iquiera como un patriota. Pero si me veo como mexicano. Y por eso aquel gesto de mi amiga (y de su prima Sisa que había decorado el pastel) hicieron que sonriera emocionado. Era un privilegio ser de México, tener amigos en un país tan lejano como la hermosa Eslovaquia, pero sobre todo saber que tengo un hogar, donde formo parte de los  lugares y los recuerdos de mucha gente.

Si algo significa ser de un país tendría que ser eso y no el nacionalismo. Pero eso es otra historia...

Como se puede ver, el color de la bandera está equivocado porque debe ser verde,blanco y rojo, pero el detalle del escudo y el hecho mismo del pastel fue impagable. Gracias Monika y Sisa