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jueves, febrero 03, 2011

Pesadilla: soñé que era un sicario

Tuve un sueño impactante anoche: era bajado de un tren, detenido en el medio de la nada, por unos hombres armados. Me decía que tenía que ir y darle de tiros a no sé quién porque, desde ese momento trabaja ya para no sé qué cartel de drogas. Luego me daban una metralleta y me advertían que "el trabajo" debía estar para el día siguiente, so pena de ser castigado.

Luego, como sucede en los sueños, estaba en un bar con mesa al aire libre explicando angustiado a una amiga - cuyo rostro no reconocí - que tenía miedo de regresara mi casa, a mi ciudad porque si no hacía "el trabajo" entonces los sicarios del cartel me iban a asesinar.

Entonces me despertó la tele, que está programada para encenderse a las 5:40 en el noticiero de Ricardo Rocha. Mientras me quedaba claro lo de mi pesadilla me pregunté que estaerían soñando los miles de niños que han quedado huerfanos por la "guerra contra el narco". Niños que quizás estuvieron presentes en el momento que sus padres fueron asesinados y que ahora puede ser que estén sin rumbo... caminando sin rumbo. Yo tengo pesadillas porque en mi ciudad, de repente, hay balaceras. Porque leo la revista Proceso, etcètera. ¿Que soñarán los que sí han sido víctimas físicas de la guerra contra el narcotráfico?

Imagen dibujada por Paul Bielaczyc publicada en el sitio Aradani

martes, febrero 02, 2010

Si Toleras esto tus hijos serán los siguientes

Luego de las masacres de adolescentes y jóvenes en Ciudad Juárez y Torreón, así como los acontecimientos tristes - y olvidados - del incendio en la guardería ABC, sólo queda recordar una canción del grupo de rock inglés "Maniac Street Preachers" llamada "If you tolerate this your children will be next" ("Si toleras esto tus niños serán los siguientes...").




viernes, diciembre 18, 2009

Imagen de un narco muerto, métafora del gobierno de Felipe Calderón

Ayer la marina de México abatió a tiros a un conocido narcotraficante mexicano apodado El Jefe de Jefes. Inmediatamente, el presidente de México hizo lo mejor que sabe hacer: usar la televisión para hacer alarde del acto. Presentaron imágenes y fotografías del narco acribillado a balazos y en un exceso melodramático, armaron una fotografía del narco desnudo, cubierto de billetes de alta denominación ensangrentados.



Al presidente Calderón (de cuya victoria electoral duda una amplia franja de la población) le gusta la violencia. Según las cifras presentadas por el diario "El País", la guerra que Calderón ha emprendido contra el narco ha causado ya 15 mil muertes en todo México. El acto del narco ensangrentado es una metáfora del gobierno de Calderón.

Es verdad que un narcotraficante actúa con extrema violencia. Que decapita a sus víctimas. Que su violencia excede la muerte de sus enemigos. Eso es innegable. Pero hay una pequeña gran diferencia entre los actos de un narco y los actos de Calderón: el gobierno, cualquier gobierno, debería tratar de ser ecuánime. Dar un poco de equilibrio al desastre y no comportarse como aquello que persigue. La imagen del cuerpo bañado en billetes de sangre pone al gobierno en el mismo nivel de barbarie que los narcotraficantes y le impide – todavía más – tener autoridad ante una sociedad que de entrada duda de la limpieza electoral con la cual Calderón tomó el poder. La violencia simbólica fue el arma más importante que usó Calderón para hacerse con el gobierno de México ("López Obrador es un peligro para México"). Ahora, para mantenerse en el poder, sigue usando ésta. pero aunado a la violencia física.

De nada han servido las súplicas de la opinión pública para que cesen las masacres y la inútil guerra contra el narco. Al final de cuentas, Calderón es lo mismo que el capo asesinado: un jefe de jefes.

La fotografía fue tomada del artículo "Bajo billetes ensangrentados" del diario El País...

miércoles, julio 15, 2009

¿Exigirá Europa visas a Mexicanos?

Como Estados Unidos, Canadá también ha cerrado sus puertas a los turistas mexicanos justo cuando yo comenzaba a soñar con un viaje a ese país. Pero no sólo lo ha hecho con mexicanos, sino también con los ciudadanos de la República Checa.

Según el gobierno canadiense, lo anterior se debe a que muchos mexicanos y checos que entraban como turistas luego se quedaban ahí para trabajar.

No extraña que Canadá tome medidas como ésta: cada vez somos más mexicanos que vemos destruida toda esperanza de futuro estable en México debido a los problemas económicos que han derivado, entre otras cosas, en un ambiente de violencia y corrupción que cada día crece más en todos los ámbitos nacionales. Una muestra: el narcotráfico.

Ya nos hemos acostumbrado a escuchar que hubo 8 muertos en tal ciudad, que encontraron 5 cadáveres decapitados, que hubo un tiroteo, etc. Y por si esto fuera poco, el ciudadano mexicano tiene cada vez más certeza de que la impunidad es la normalidad en el país. Un ejemplo: el incendio de la guardería ABC en Hermosillo, que reveló como los políticos mexicanos utilizan sus cargos para hacer negocios sin importar que la vida de un ciudadano pueda estar en peligro.

No sería de extrañar que pronto los mexicanos debamos solicitar una visa para viajar a la Unión Europea, igual que deben hacer colombianos, ecuatorianos y ciudadanos de otros países pobres o que presentan problemas graves de delincuencia como el narcotráfico. Al respecto, Francia y España, sin llegar a solicitar un visado, sí piden ya una serie de requisitos de viaje a los turistas mexicanos, entre los que encuentra probar que se lleva dinero suficiente para el viaje.

Pienso que esto tiene que ver con el hecho de que cada vez más mexicanos de clase media intentan salir del país porque se dan cuenta que están a un paso de caer en la pobreza y como en Estados Unidos ya era muy complicado emigrar, comenzaron a intentarlo en Candadá que no les pedía visa. Ahora, con seguridad, intentarán hacerlo en España, Francia, etc.

Esto y el crecimiento de las redes de narcotraficantes mexicanos cuyos "mercados" alcanzan países europeos, provocarán que viajar se convierta, poco a poco, en un derecho casi exclusivo de la gente con mucho dinero. Y en un sentido más amplio, que los viajes a otros países sólo sean posibles si uno pertenece a los países del "primer mundo".

En la República Checa, el gobierno ha solicitado que la Unión Europea imponga el visado a los canadienses a manera de vendetta. En México el gobierno... ¿que ha hecho el gobierno? Nada, como siempre...
Y yo que quería conocer Canadá... y yo que aún tengo una leve esperanza en México, pero no en sus gobernantes...

Aquí las notas periodísticas a que hace referencia esta entrada del blog:

Canadá dice sí al asilo político, no a residencias laborales (Proceso)

Caos en la Embajada de Canadá por la imposición de visa a los mexicanos (La Jornada)

Visas a Canadá, la battala diplomática continúa (Radio Praga)

Incendio Guardería ABC de Hermosillo (Proceso)

viernes, mayo 01, 2009

Calderón, la inseguridad y el virus: cada cual debe luchar por su superviviencia

Esto ilustra lo que estamos viviendo en México

(Sobre Calderón) "No es un estadista, sino un gobernante débil e incapaz de liberarse de los grilletes impuestos por los poderes fácticos que le ayudaron a ser presidente..."

- Sergio Aguayo, profesor del Centro de Estudios Internacionales de El Colegio de México.

Vivir en México


La crisis sanitaria que vive el país se inserta en una situación de inseguridad galopante. Los mexicanos necesitan un Estado fuerte que los defienda. Hoy cada cual tiene que luchar por su supervivencia


Mientras la Organización Mundial de la Salud elevaba la alerta mundial por la fiebre porcina que surgió en México, ocho policías eran ejecutados en Tijuana. En otras palabras, la emergencia sanitaria no ahuyenta la inseguridad que carcome esa visión color de rosa con la cual algunos describen la gestión del presidente Felipe Calderón.

Para entender lo que sucede en México debe partirse de un hecho: son muy pocas las instituciones gubernamentales eficientes y preocupadas por el interés general. El aparato de seguridad es un desastre del cual sólo se salvan unas fuerzas armadas estiradas al límite de sus capacidades. Y a esa situación han contribuido los errores, ineficiencias y corrupciones de todas las fuerzas políticas, y eso incluye al presidente Calderón y a su partido.

Vivir en México es padecer la incertidumbre de la inseguridad. En la modernidad del siglo XXI es rutinario visitar, a cualquier hora del día y la noche, los cajeros automáticos para obtener efectivo. En México es peligroso hacerlo por un incremento de los asaltos y por la indefensión en que nos encontramos. La capital está dividida en delegaciones, una de las cuales, la Benito Juárez, es gobernada por el derechista Partido Acción Nacional. Uno de sus funcionarios, Jaime Slomianki, hizo la siguiente recomendación: "Por seguridad de los ciudadanos, sería muy conveniente no hacer retiros en efectivo de los bancos. Es mejor pagar la comisión

[que cobran los bancos por hacer los pagos por vía electrónica] que correr riesgos de sacar dinero" (25 de febrero, Reforma). ¿Hace falta agregar algo a tan flagrante capitulación de la obligación del Estado de darnos seguridad?

Atrincherarse en casa tampoco garantiza tranquilidad. Cuando alboreaba abril recibí una llamada telefónica. Con la voz recia de los mexicanos del Norte, alguien se presentó como mi primo Víctor, hijo del finado tío Pancho, quien emigró y murió en Estados Unidos. Entre exclamaciones de alborozo, el primo me anunció su llegada para el siguiente día; venía de Estados Unidos cargado de dólares, quería poner un negocio y necesitaba mi consejo. Me expresó su deseo de hospedarse en casa -"ya tengo la dirección, primo, ahí nos vemos mañana"-. Como la familia es sagrada, hasta me sentí mal cuando le dije que era imposible darle albergue, pero lo compensé poniéndole hora al reencuentro de primos.

Vivir en México exige estar en alerta permanente. En consecuencia, me comuniqué con la tía Lola, quien desposó un veterano de guerra americano hace medio siglo y se fue a vivir a California. La tía conoce los ires y venires de los centenares de Quezadas que se hacen la vida en el otro lado. Nadie mejor que ella para esclarecer identidades. Después del obligado relato de tragedias y enfermedades, me dio una triste noticia: el primo Víctor había muerto de diabetes hacía un par de años porque "no se cuidaba nada".

Así pues, o el primo Víctor estaba comunicándose desde el más allá o, lo más probable, estábamos frente a un simulador que preparaba un robo, una estafa o un secuestro. Se inició un larguísimo intercambio de opiniones con mi esposa catalana, la cual inmediatamente recordó otra llamada recibida hace algunos meses en la cual nos informaban, entre insultos y amenazas, que habían secuestrado a nuestro hijo varón. El intento se desinfló porque nuestro descendiente vive en Madrid. En cuanto a la visita del presunto primo Víctor, nos inquietó porque ignorábamos la información que tenía. Desechamos dar aviso a la policía, pese a que el Gobierno federal (conservador) publicita un programa especial contra extorsiones por vía telefónica. Cuando está en juego la seguridad, los mexicanos no llamamos a la policía porque o son cómplices de los delincuentes o son de una ineficiencia sublime.

Sé de lo que hablo. Hace seis meses saquearon el piso donde vivimos en una capital gobernada, desde hace 11 años, por el principal partido de izquierda. Destrozaron a mazazos una puerta blindada, dejaron sembrado el piso del contenido de cajones y armarios y se llevaron lo que quisieron. El procurador capitalino tomó un interés personal en el asunto, y al hogar llegaron oleadas de solícitos peritos y policías. Obtuvieron las huellas digitales de los presuntos responsables, pero hasta ahí llegaron, porque la policía capitalina no está coordinada con el Gobierno central y no tiene acceso a las bases de datos nacionales.

Este tipo de vivencias no son extraordinarias. Forman parte de la existencia en este maravilloso país tan lleno de contrastes y extremos. Después del asalto, nos resignamos a unirnos a los millones de ciudadanos que compensan la incapacidad del Estado reforzando puertas y ventanas, poniendo alarmas e intercambiando anécdotas de impotencia y miedo.

El colapso de las instituciones mexicanas de seguridad tiene muchas causas. Una de las principales es la ineptitud de buena parte de los altos mandos burocráticos. Según un estudio realizado por el organismo Gestión Social y Cooperación (Gesoc), pese a los generosos salarios y privilegios pagados, alrededor del 40% de la alta burocracia federal no está capacitada para ocupar el cargo. La razón es muy simple: quienes gobiernan entregan esos puestos a sus amigos o cómplices. Felipe Calderón ha participado, como presidente, de manera consciente y deliberada en este juego.

El Sistema Nacional de Seguridad Pública (SNSP) tiene la responsabilidad de coordinar las acciones de los gobiernos federal, estatales y municipales. Ocupa, por tanto, un lugar central en el combate contra la inseguridad y en la guerra contra el narco. Si funcionara el Sistema, la policía capitalina tal vez hubiera podido conocer la identidad de quienes asaltaron mi piso, y seguramente iría mejor el combate al crimen organizado. Desafortunadamente, ha sido una burocracia inútil porque Felipe Calderón nombró como su titular a un tal Roberto Campa Cifrían, quien carecía de experiencia en temas de seguridad. Eso sí, en su larga carrera político-burocrática uno debe reconocerle la gallardía con la cual ha defendido sus ingresos y privilegios como funcionario de alto nivel. Si Calderón lo nombró zar de la seguridad es porque Campa es un protegido de la lideresa magisterial Elba Esther Gordillo, quien hizo grandes favores al actual presidente durante la polémica elección del 2006. El presidente usó nuestra seguridad para pagar una deuda política.

Campa estuvo en el cargo de 2006 a 2008 y manejó unos 1.000 millones de euros, sin que la seguridad mejorara. Acorralado por la falta de resultados, Calderón se vio forzado a destituirlo en septiembre del 2008, y no fue hasta marzo de 2009 cuando nombró a Jorge Tello Peón como el nuevo titular del SNSP. Finalmente, llegó al cargo un profesional, y a lo mejor y tal vez las fuerzas federales finalmente se coordinan mejor entre sí y con las policías de los otros niveles.

Así pues, ni todas las instituciones funcionan ni el Gobierno de Felipe Calderón es un cruzado enfrentado a la delincuencia. A Calderón le pone obstáculos la oposición, es cierto, pero él toma decisiones que sabotean su gestión. No es un estadista, sino un gobernante débil e incapaz de liberarse de los grilletes impuestos por los poderes fácticos que le ayudaron a ser presidente.

Quienes vivimos en México estamos urgidos de un Estado fuerte que nos defienda. La emergencia sanitaria que padecemos es una anécdota menor si se piensa en que cargamos, como losa gigantesca, a una clase gobernante que, en términos generales, se distingue por su mezquindad y mediocridad. La supervivencia diaria termina dependiendo, en esencia, de cada ciudadano.

Postdata. La amenaza creada por el primo Víctor la resolvimos a la mexicana. En lugar de confrontarlo y encararlo optamos por evadirlo. Dejamos de contestar el teléfono por unos días y se dio por enterado. O al menos eso deseamos creer...

Sergio Aguayo es profesor del Centro de Estudios Internacionales de El Colegio de México.

Publicado en la sección tribuna de "El País" el 1o de mayo. Enlace a la publicación original aquí:

http://marcocar.blogspot.com

miércoles, junio 11, 2008

México ¿Depresión nacional?














Una frase que se repetía en diversos edificios de Nitra, Eslovaquia, me hizo recordar a México. La frase era enigmática y estaba escrita en letras negras con pintura de aerosol: “Nitra Narodní Odpor” (Nitra Depresión Nacional) que es un eslogan de uno de esos grupos neonazis que abundan en Europa.

No había pensado que toda una ciudad pudiera representar una depresión. Pero no sé por qué, me llegó la idea de que quizás, en el caso de México, esa depresión alcanzará varias ciudades o quizás a todas en una u otra medida. En el caso de Nitra no podría juzgarlo, pues la ciudad es hermosa, la gente tiene un nivel educativo alto y el pujante desarrollo económico se aprecia por todos lados. Pero en el caso de México es claro que pudiera haber una depresión, motivada por la delincuencia desatada (corrupción gubernamental, narcotráfico), por la marcada exclusión social y las dos prácticas favoritas de los mexicanos, el racismo y el clacismo.

Por eso no me sorprendió lo que escuché una tarde en un bar de tapas en Madrid, cuando un señor de Puebla expresó “Sería el hombre más feliz del mundo” cuando una amiga española mutua le dijo que podría hacerse español, debido a su abuelo gallego.

Y un ejemplo similar se ve en la televisión, cuando se pondera a un sueco como el salvador del fútbol nacional porque… pues porque es sueco. O cuando Rafa Puente, un comentarista deportivo dijo que si le dieran a escoger entre dirigir al Chelsea ingléso a la Selección Mexicana no duraría ni un segundo en irse por el equipo británico, y cuando David Faitelson, otro cronista de deportes, dice que tal entrenador mexicano no es nadie frente el entrenador sueco que ahora dirige el equipo mexicano.

Es una depresión nacional, donde pensamos que valemos poco, o que los otros son infinitamente superiores, un país de miedos. Un “Mexico narodní Odpor”, edulcorado por el chovinismo y el orgullo – aparente – de nuestras tradiciones. Aunque quién sabe. Quizá el deprimido soy yo…