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lunes, mayo 04, 2009

La influenza porcina revela la mediocridad de la prensa mexicana

"La población es disciplinada pero el manejo de la información es feudal."


La aparición de la influenza porcina en México ha revelado un espectáculo lamentable: el maridaje y sometimiento de muchos medios, sobre todo electrónicos, y el gobierno mexicano. Cada mañana, José Ángel Córdova, el secretario de salud (después de haber aparecido en Televisa) sale y da una conferencia de prensa para los demás medios. Las conferencias son retransmitidas en vivo y ahí uno se da cuenta del servilismo de muchos periodistas, de su debilidad al preguntar, del trato arrogante del gobierno a los medios mexicanos y de su temor a los medios extranjeros.


Sometimiento: Algunos periodistas inician sus preguntas tímidamente y mediante la frase "Con todo respeto señor secretario..." y en sus cuestionamientos no requieren datos o aclaraciones puntuales del servidor público –supuestamente obligado a ello- sino información que permita al político lucirse... dar una nota de ocho favorable al gobierno.

Trato arrogante del gobierno: Si algún reportero crítico - aunque parezca increíble sí los hay en México - se atreve a preguntar algo incómodo o hacer dos preguntas al secretario de salud, se escucha una voz como la del reality show Big Brother que pertenece al "coordinador de comunicación social" quien advierte en tono arrogante que sólo se permitirá hacer una pregunta por medio. Parece como si el secretario de salud estuviera haciendo el favor de informar y que tuviera el derecho de decidir la conducta del periodismo. Pero es curioso: cuando se trata de Televisa o de TV Azteca, la actitud es al revés. Estos medios hacen preguntas igual de débiles que las de sus pares de la prensa escrita y también buscan que sus cuestionamientos sirvan al lucimiento personal del funcionario público y del gobierno. Pero la diferencia radica en que estas dos televisoras son las que están haciendo el favor al funcionario de aparecer ahí. Por eso el funcionario siempre dice "me da mucho gusto participar en tu noticiero.... gracias por el espacio..." etc.

Temor a los medios extranjeros: A diferencia de los "periodistas" mexicanos que están sometidos casi en su mayoría, ya sea por el típico soborno o por su mediocridad que esperan les lleve a tener un noticiero en un medio electrónico o un puesto en el gobierno (sueño del 90% de los periodistas mexicanos), los periodistas de agencias y diarios extranjeros como Reuters y el New York Times no se andan con medias tintas. Si bien son corteses al preguntar, solicitan información puntual que puede poner en jaque al servidor público pero que también puede ayudar a que la opinión pública tenga mayor claridad de lo que está pasando. Los reporteros extranjeros pueden preguntar dos o tres preguntas y el "coordinador de comunicación social" jamás les dará advertencias ni nada.

No obstante, pese al temor, los funcionarios públicos mexicanos permanecen en su arrogancia y responden con juegos de palabras o con mentiras.

Por ejemplo hoy, una periodista de un medio extranjero, preguntó al secretario de salud cuál era la causa de que sólo muriera gente en México por la influenza porcina y que no se presentaran decesos por esa causa en otros países. El secretario, acostumbrado a tratar como seres inferiores a los "periodistas" locales, responde con molestia que "también en otros países ha habido muertos". A lo que responde la periodista extranjera: "Uno. En Estados Unidos y que venía de México". Este diálogo, que revela la forma como el secretario intenta engañar a la prensa, es tolerada por los reporteros nacionales pero no por los extranjeros, de ahí la réplica inmediata de la periodista extranjera.

Sin duda, esta situación de la influenza ha dejado al descubierto no sólo la debilidad del estado mexicano para proteger a sus ciudadanos, sino también nos ha recordado que la prensa mexicana, en su mayoría, es de una mediocridad sorprendente, acotada, como el gobierno de Felipe Calderón, por los poderes que permiten su existencia... como dice Carlos Monsiváis respecto a la influenza porcina y la prensa: "La población es disciplinada pero el manejo de la información es feudal."

viernes, mayo 01, 2009

Calderón, la inseguridad y el virus: cada cual debe luchar por su superviviencia

Esto ilustra lo que estamos viviendo en México

(Sobre Calderón) "No es un estadista, sino un gobernante débil e incapaz de liberarse de los grilletes impuestos por los poderes fácticos que le ayudaron a ser presidente..."

- Sergio Aguayo, profesor del Centro de Estudios Internacionales de El Colegio de México.

Vivir en México


La crisis sanitaria que vive el país se inserta en una situación de inseguridad galopante. Los mexicanos necesitan un Estado fuerte que los defienda. Hoy cada cual tiene que luchar por su supervivencia


Mientras la Organización Mundial de la Salud elevaba la alerta mundial por la fiebre porcina que surgió en México, ocho policías eran ejecutados en Tijuana. En otras palabras, la emergencia sanitaria no ahuyenta la inseguridad que carcome esa visión color de rosa con la cual algunos describen la gestión del presidente Felipe Calderón.

Para entender lo que sucede en México debe partirse de un hecho: son muy pocas las instituciones gubernamentales eficientes y preocupadas por el interés general. El aparato de seguridad es un desastre del cual sólo se salvan unas fuerzas armadas estiradas al límite de sus capacidades. Y a esa situación han contribuido los errores, ineficiencias y corrupciones de todas las fuerzas políticas, y eso incluye al presidente Calderón y a su partido.

Vivir en México es padecer la incertidumbre de la inseguridad. En la modernidad del siglo XXI es rutinario visitar, a cualquier hora del día y la noche, los cajeros automáticos para obtener efectivo. En México es peligroso hacerlo por un incremento de los asaltos y por la indefensión en que nos encontramos. La capital está dividida en delegaciones, una de las cuales, la Benito Juárez, es gobernada por el derechista Partido Acción Nacional. Uno de sus funcionarios, Jaime Slomianki, hizo la siguiente recomendación: "Por seguridad de los ciudadanos, sería muy conveniente no hacer retiros en efectivo de los bancos. Es mejor pagar la comisión

[que cobran los bancos por hacer los pagos por vía electrónica] que correr riesgos de sacar dinero" (25 de febrero, Reforma). ¿Hace falta agregar algo a tan flagrante capitulación de la obligación del Estado de darnos seguridad?

Atrincherarse en casa tampoco garantiza tranquilidad. Cuando alboreaba abril recibí una llamada telefónica. Con la voz recia de los mexicanos del Norte, alguien se presentó como mi primo Víctor, hijo del finado tío Pancho, quien emigró y murió en Estados Unidos. Entre exclamaciones de alborozo, el primo me anunció su llegada para el siguiente día; venía de Estados Unidos cargado de dólares, quería poner un negocio y necesitaba mi consejo. Me expresó su deseo de hospedarse en casa -"ya tengo la dirección, primo, ahí nos vemos mañana"-. Como la familia es sagrada, hasta me sentí mal cuando le dije que era imposible darle albergue, pero lo compensé poniéndole hora al reencuentro de primos.

Vivir en México exige estar en alerta permanente. En consecuencia, me comuniqué con la tía Lola, quien desposó un veterano de guerra americano hace medio siglo y se fue a vivir a California. La tía conoce los ires y venires de los centenares de Quezadas que se hacen la vida en el otro lado. Nadie mejor que ella para esclarecer identidades. Después del obligado relato de tragedias y enfermedades, me dio una triste noticia: el primo Víctor había muerto de diabetes hacía un par de años porque "no se cuidaba nada".

Así pues, o el primo Víctor estaba comunicándose desde el más allá o, lo más probable, estábamos frente a un simulador que preparaba un robo, una estafa o un secuestro. Se inició un larguísimo intercambio de opiniones con mi esposa catalana, la cual inmediatamente recordó otra llamada recibida hace algunos meses en la cual nos informaban, entre insultos y amenazas, que habían secuestrado a nuestro hijo varón. El intento se desinfló porque nuestro descendiente vive en Madrid. En cuanto a la visita del presunto primo Víctor, nos inquietó porque ignorábamos la información que tenía. Desechamos dar aviso a la policía, pese a que el Gobierno federal (conservador) publicita un programa especial contra extorsiones por vía telefónica. Cuando está en juego la seguridad, los mexicanos no llamamos a la policía porque o son cómplices de los delincuentes o son de una ineficiencia sublime.

Sé de lo que hablo. Hace seis meses saquearon el piso donde vivimos en una capital gobernada, desde hace 11 años, por el principal partido de izquierda. Destrozaron a mazazos una puerta blindada, dejaron sembrado el piso del contenido de cajones y armarios y se llevaron lo que quisieron. El procurador capitalino tomó un interés personal en el asunto, y al hogar llegaron oleadas de solícitos peritos y policías. Obtuvieron las huellas digitales de los presuntos responsables, pero hasta ahí llegaron, porque la policía capitalina no está coordinada con el Gobierno central y no tiene acceso a las bases de datos nacionales.

Este tipo de vivencias no son extraordinarias. Forman parte de la existencia en este maravilloso país tan lleno de contrastes y extremos. Después del asalto, nos resignamos a unirnos a los millones de ciudadanos que compensan la incapacidad del Estado reforzando puertas y ventanas, poniendo alarmas e intercambiando anécdotas de impotencia y miedo.

El colapso de las instituciones mexicanas de seguridad tiene muchas causas. Una de las principales es la ineptitud de buena parte de los altos mandos burocráticos. Según un estudio realizado por el organismo Gestión Social y Cooperación (Gesoc), pese a los generosos salarios y privilegios pagados, alrededor del 40% de la alta burocracia federal no está capacitada para ocupar el cargo. La razón es muy simple: quienes gobiernan entregan esos puestos a sus amigos o cómplices. Felipe Calderón ha participado, como presidente, de manera consciente y deliberada en este juego.

El Sistema Nacional de Seguridad Pública (SNSP) tiene la responsabilidad de coordinar las acciones de los gobiernos federal, estatales y municipales. Ocupa, por tanto, un lugar central en el combate contra la inseguridad y en la guerra contra el narco. Si funcionara el Sistema, la policía capitalina tal vez hubiera podido conocer la identidad de quienes asaltaron mi piso, y seguramente iría mejor el combate al crimen organizado. Desafortunadamente, ha sido una burocracia inútil porque Felipe Calderón nombró como su titular a un tal Roberto Campa Cifrían, quien carecía de experiencia en temas de seguridad. Eso sí, en su larga carrera político-burocrática uno debe reconocerle la gallardía con la cual ha defendido sus ingresos y privilegios como funcionario de alto nivel. Si Calderón lo nombró zar de la seguridad es porque Campa es un protegido de la lideresa magisterial Elba Esther Gordillo, quien hizo grandes favores al actual presidente durante la polémica elección del 2006. El presidente usó nuestra seguridad para pagar una deuda política.

Campa estuvo en el cargo de 2006 a 2008 y manejó unos 1.000 millones de euros, sin que la seguridad mejorara. Acorralado por la falta de resultados, Calderón se vio forzado a destituirlo en septiembre del 2008, y no fue hasta marzo de 2009 cuando nombró a Jorge Tello Peón como el nuevo titular del SNSP. Finalmente, llegó al cargo un profesional, y a lo mejor y tal vez las fuerzas federales finalmente se coordinan mejor entre sí y con las policías de los otros niveles.

Así pues, ni todas las instituciones funcionan ni el Gobierno de Felipe Calderón es un cruzado enfrentado a la delincuencia. A Calderón le pone obstáculos la oposición, es cierto, pero él toma decisiones que sabotean su gestión. No es un estadista, sino un gobernante débil e incapaz de liberarse de los grilletes impuestos por los poderes fácticos que le ayudaron a ser presidente.

Quienes vivimos en México estamos urgidos de un Estado fuerte que nos defienda. La emergencia sanitaria que padecemos es una anécdota menor si se piensa en que cargamos, como losa gigantesca, a una clase gobernante que, en términos generales, se distingue por su mezquindad y mediocridad. La supervivencia diaria termina dependiendo, en esencia, de cada ciudadano.

Postdata. La amenaza creada por el primo Víctor la resolvimos a la mexicana. En lugar de confrontarlo y encararlo optamos por evadirlo. Dejamos de contestar el teléfono por unos días y se dio por enterado. O al menos eso deseamos creer...

Sergio Aguayo es profesor del Centro de Estudios Internacionales de El Colegio de México.

Publicado en la sección tribuna de "El País" el 1o de mayo. Enlace a la publicación original aquí:

http://marcocar.blogspot.com

miércoles, abril 29, 2009

Influenza, compras de pánico, vino tinto y Dios

Mientras me dirijo a Wallmart para hacer algunas compras me entero que la Organización Mundial de la Salud elevó el nivel de alerta de Pandemia a cinco. En términos reales da igual: aquí en México todo es incertidumbre e impaciencia debido a la falta de claridad del gobierno para informar lo que ocurre.

En la calle, unos adolescentes juegan fútbol con las mascarillas puestas. La imagen parece de una cinta de Ciencia Ficción. En Wallmart me encuntro casi con una muchedumbre. En días pasados, las tiendas estaban solitarias. Me parecía raro pues en Ciudad de México había compras de pánico. Pero hoy ha sido día de pago y todo el mundo busca abastecerse de todo. Lo que nunca: hay anaqueles vacíos en donde ponen la comida enlatada.

Como yo no voy por la despensa no me preocupo. Pienso que de alguna forma u otra la cosa mejorará. Como no llevo mascarilla pues la que tenía ya se rompió y no puedo encontrar en ningún lado otra para comprar, la gente me mira de soslayo. Y es que en el imaginario social "influenza porcina" t-o-d-o-s d-e-b-e-m-o-s l-l-e-v-a-r m-a-s-c-a-r-i-l-l-a-s.

Cuando me formo para pagar, me doy cuenta que todaslas cajas están abiertas pero que igual las filas alcanzan veinte o más personas. La muchacha que va delante de mi lleva en su carrito del súper como 15 latas de atún. También alcanzo a ver, entre otras cosas, galones de agua, varias cajas de leche y dos cajas de esas galletas integrales que me gustan mucho y de las cuales ya no encontré.

Ella nota que miro al interior de su coche. Aunque no veo su rostro completo porque lleva una mascarilla, detecto que le molesta que vea lo que va a comprar. Igual ella mira en mi coche del súper y cuando descubre lo que voy a comprar arquea las cejas sorprendida. Y es que en el coche sólo llevo cervezas, unos vinos tintos chilenos que estaban de oferta y una bolsa grande de croquetas para cayito, mi perro.

Seguro no se creía que no me estuviera preparando con comida para el fin del mundo. Lo que la muchacha no sabe es que quizás si me esté preparando para el fin de todo. Con cervezas y vino tinto. Cuando salgo del súper y veo como todos van mu seguros con toda la comida necesaria para una crisis, caigo en cuenta que no debería dejar de lado comprar algunas latas. ¿Y si mañana no hay nada para comprar en las tiendas? Pienso que exagero... pero me acuerdo que el gobierno mexicano no representa ninguna garantía para nuestra seguridad y un relámpago frío sube por mi espalda cuando recuerdo, temblando, los días en que responsabilizaba de todo a Dios...

Influenza: Enseñanzas que el cine nos ha dejado

Hace un par de semanas veía "Tiburón" (Spielber, E.E.U.U. - 1975) en el Animal Planet. La cinta narra la historia de una pequeña isla que vive del turismo que puede recibir durante la época del verano. El problema comienza cuando un enorme tiburón blanco se come a dos personas. Las autoridades y organismos comerciales de la isla quieren abrir las playas pese al peligro, mientras que el jefe de policía quiere cerrarlas.

La misma situación se está presentando ahora con la influenza porcina. Mientras el alcalde de la Ciudad de México, Marcelo Ebrard, ha cerrado cafés, restaurantes, cines, etc. ante el riesgo de contagio, los líderes de las cámaras de comercio han iniciado una campaña para exigir al gobierno que se levante dicha prohibición. Particularmente, Radiofórmula se ha hecho eco de estas protestas que cuestionan la medida tomada por el gobierno del Distrito Federal.

Por su parte, el gobierno federal ha mencionado que no está de acuerdo con la medida, pero que la respeta. Incluso, ha permitido que la Federación Mexicana de Fútbol lleve a cabo los partidos del campeonato de liga a puerta cerrada, pese a los riesgos que podría implicar viajar.

¿A quién creer?

La única cosa en la que la mayoría de los mexicanos estamos de acuerdo, es que no podemos creer a las autoridades gubernamentales que desde el inicio de esta crisis no han dejado de mentirnos u ocultarnos la situación para "no alarmanos". Quizás la prudencia sea la mejor forma de actuar. Espero que la crisis no lleve a más desgracias de las que ha habido. Y que al final, medidas como la del alcalde de la Ciudad de México se vuelvan innecesarias... pero en tanto, pienso que la decisión de cerrar restaurantes, bares, cines, etc. ha sido la correcta. Ya los empresarios podrán hartarse de dinero más adelante. Y sobre el campeonato de fútbol, bueno....¿qué se puede esperar? Se trata de Televisa y TV Azteca, dos entidades que actúan SOLAMENTE para obtener dinero, aún a costa de la salud de sus trabajadores - los futbolistas - y de la salud mental de sus televidentes.

En Tiburón, al final se da la razón al policía que quería cerrar las playas. En esto de la influenza aún no sabemos quién tendrá la razón... pero no está de más tomar todas las precauciones...

"Ahí vienen los mexicanos, nos van a infectar..." : Discriminan a mexicanos en Chile debido al virus

"Ahí vienen los mexicanos, nos van a infectar..."


La página oficial del Club Deportivo Guadalajara, señala el día de hoy algo muy grave: los jugadores de Chivas están siendo tratados mal por algunos chilenos debido al virus de la influenza porcina que se desató en México.

Según acusan jugadores como Gonzalo Pineda y Héctor Reynoso, al salir a comprar recuerdos de Viña del Mar donde juegarrán un partido por la Copa Libertadores ante Everton, la gente decía cosas como "ahí vienen los mexicanos, nos van a infectar" o la gente se tapa la boca al verlos pasar. El entrenador del equipo, Francisco Ramírez añadió que uno encuentra hostigamiento por toda esta situación, lo cual no es nada agradable. Po supuesto la gente hizo ademanes de taparse la boca como lo ha hecho todo mundo en México, y lo cual es una forma de manifestarse de la gente y que hay que respetarla. Difícilmente creo que exista una información adecuada de acuerdo a todo este tipo de situaciones por medio de la prensa, pues ellos trasmiten lo que se vive en un país que se encuentra en una psicosis tremenda y aquí de dejan llevar por esta información".

De la situación se ha hecho eco el diario Mercurio de Chile que publica hoy una nota firmada por Eduardo Poblete que "respecto de medidas sanitarias preventivas por el virus de la influenza porcina, no hay nada oficial por parte de la autoridad de salud, salvo una labor de sanitización de los camarines de Everton y Chivas, antes y después del partido, acción que realizarán miembros de la unidad de epidemiología del Hospital Gustavo Fricke de Viña del Mar".

Cosas como esta del virus, suelen sacar lo peor y lo mejor de las personas. Es lógico tener precauciones ante la situación, pero de ahí a discriminar u ofender ha un gran trecho. Sobre todo, esto demuestra que la peor plaga, el peor virus, es el de la gente que pese a tener mucha información, permanece igualmente desinformada, como es el caso de estas personas en Chile.

La pregunta es : ¿Cuántos otros mexicanos estarán siendo discriminados hoy debido al virus de la influenza porcina?

Las Chivas del Guadalajara son el equipo más popular de México. Aquí puedes escuchar lo que dijeron los jugadores acerca del mal rato que pasaron en Chile....

martes, abril 28, 2009

Cuando me enviaron a casa por el virus...


"Cuando el Dr. me envío a casa me sentí igual que en la película "
The Body Snatchers", donde todos los que no eran zombis delataban con un grito horrible a todos aquellos que aún no contraían la enfermedad..."



Desde que se anunció esto del virus de la "influeza porcina" pensé que sería desmesurado ponerme una mascarilla para ir a trabajar. No obstante lo hice. Trabajo en una universidad y si bien no hubo clases, los maestros de tiempo completo y administrativos si teníamos que ir.

Al salir, las calles de San Luis Potosí - mi ciudad- tenían algunas escenas que se ven en películas de ciencia ficción: Calles solitarias, con el cielo atiborrado de nubes oscuras. Gente con mascarillas azules caminando como zombis pero sobre todo un silencio muy grande. La verdad yo no tenía miedo de contraer "el virus". Pese a todos los rumores, pese a las cifras, nunca pensé en contraerlo. Ya saben, las cosas malas siempre pasan a otros.

Incluso el lunes, cuando subí al autobús, el conductor y los pocos pasajeros me miraron en silencio. No llevaba la mascarilla azul. Me siguieron con la mirada mientras ocupaba un asiento. No le di tanta importancia.

Pero hoy he ido a la universidad y el doctor ha llamado a todos "obligatoriamente" para hacernos una auscultación. Cuando tocó mi turno me hizo las preguntas de rigor acerca de "el virus": que si he tenido dolores de cabeza, fiebre alta, moqueo, etc. A todo respondí que no... salvo que confesé una alergia que me aqueja de muchos meses atrás. El doc me miró las fosas nazales y la garganta.

Produjo un dramático "mmmm" y fue y se sentó en su sillón detrás del escritorio. Yo produje un "chin" en mi mente. Resultó que, si bien no tenía el famoso "virus" sí que tenía posibilidades de contraerlo dado que mis defensas "están bajas". Me mandó a casa.

Al ir recoger mis cosas, o al decir a algunos compañeros que me iba, sentí "esa mirada" de los compañeros preguntándose "¿Tendrá el virus? ¿y si me contagió?" y cosas así. Y yo, que me había negado a usar la mascarilla sentí que la necesitaba. Para protegerme del virus principalmente pero también para verme como esa gente que vi el lunes pasado con sus mascarillas. Ser como ellos. Entrar en el clima de incertidumbre y temor. Sentí igual que en la película "The Body Snatrchers", donde todos los que no eran zombies delataban con un grito horrible a todos aquellos que aún no contraían la enfermedad.

Personalmente, no creo que habrá muchos decesos. Sé que la situación podría ser grave y que debemos cuidarnos. Pero creo también que la situación se contendrá. No obstante es curioso como la sociedad teme a lo diferente. Todos debemos parecer iguales... o quedarnos al margen de ese evento que llamamos sociedad...