Mis ojos se abrieron sobre la almohada cuando una luz cruzó la pared de la iglesia y el sonido de un vehículo frenando hizo cimbrar la ventana. Al fondo, los números rojos del despertador marcaban las 3:20 de la mañana. Me incorporé del catre y caminé lentamente, sin hacer ruido para mirar a través del vidrio desde atrás de la cortina: Dos tipos se habían estacionado en el estacionamiento de la iglesia y discutían a gritos dentro del carro.
Uno de los tipos en el coche tomo del cuello al otro advirtiéndole algo en inglés y luego se bajo azotando la puerta con violencia y se perdió corriendo por el fondo de la calle. El otro se quedó ahí, inmóvil. Pensé que estaría desmayado o algo. De pronto miró hacia el asiento trasero y se inclinó para buscar unas cosas ahí. Luego se bajó del coche y se perdió por el lado opuesto de la calle.
Pensé en salir a ver el coche, pero preferí quedarme adentro. Apagué el reloj despertador por si acaso la poli llegaba y moví mi catre hasta un rincón en la oscuridad. Esa noche no dormí. Apenas tenía tres meses en el país donde se habla inglés. Vivía en una iglesia, gracias a un amigo, en una zona pobre de la ciudad, donde los drogadictos tenían su rincón favorito.
Para escapar de Vi primero me fui a Europa y luego llegué aquí, al país que habla inglés. Para ella fue difícil. Aquella noche en el hotel, cuando decidí no volver a verla, cuando se lo dije, ella gritó, lloró, azotó la puerta del baño metiéndose ahí por un largo rato y así. Me insultó. Dijo que todo era porque ella no me amaba y era mi venganza para no seguir viéndola. También me gritó que era poco hombre, que debía luchar por ella si de verdad la amaba. Que yo era peor que el alto ejecutivo porque era una hipócrita, porque yo quería lo mismo que él: usarla, abusar de ella.
Yo tenía muchas cosas que decir también, pero entendía la situación, entendía cómo se sentía y que así ella podría decir muchas cosas sin pensar. Pero hice lo único que me podía alejar más de ella. Lo único que puede alejar a un hombre de la mujer que ama, cuando ésta no lo ama. Me acerqué a Vi, la tomé de los brazos y la miré a los ojos. Ella estaba sorprendida.
Así la miré unos momentos. Su boca estaba apenas abierta, como si una palabra se hubiera detenido ahí. “Te quiero” – le dije. Después la solté y caminé hacia la puerta. Ella me siguió con la mirada en silencio. En la tele, al fondo de la habitación, había un anuncio donde una bruja decía que ella podía lograr que se realizara el amor de mi vida, de tu vida, de la vida de todos.
- Necesito fumar – expliqué antes de abrir la puerta- necesito algo que me quite esto que siento. Yo no quería amarte. De verdad. Pero siempre te imagino y acaricio el aire, como si tú estuvieras ahí sonriendo, delante del techo de mi cuarto. Pienso en todo lo que quisiera compartir contigo, en que quisiera ser alguien mejor para ti. Y cada palabra que dices, cada gesto que haces lo escucho y lo veo después, cuando voy a mi casa o cuando te recuerdo mientras tomo un café parado junto a un poste en el pasillo del trabajo. Yo he luchado por ti. Lo he hecho a mi manera. Pero no fue suficiente o no supe cómo hacerlo bien. Por eso, deberías escucharte a ti misma y luchar por la persona que amas y para eso es mejor que estés lejos de mí…
Sería el último viaje que haríamos Vi y yo. Al regreso a San Luis, mientras yo evitaba el Internet y dejaba de comprar crédito para siempre a mi teléfono celular, Vi le decía al ejecutivo que sentía que estaba embarazada y éste le decía que estaba loca. El día que cambié mi e-mail y mi usuario del Internet, Vi me llamo para decirme cuán contenta estaba porque no estaba embarazada y que quería que nos viéramos. Y la noche que Jana, la que me contactó por “lo que escribí en Internet”, comenzó a hablar conmigo desde
La mañana siguiente, salí para ver el vehículo. El vidrio trasero estaba completamente roto y había bolsas y cajas en desorden. También había botellas de cerveza dispersas por el piso, manchas de sangre y restos del vidrio. En un edificio al fondo de la calle, el sol observaba todo, escondido detrás de un enorme anuncio de galletas…