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viernes, julio 03, 2009

No todo es la Torre Eiffel en París: la Île Saint-Louis y el Canal Saint-Martin


El blog K-jeta et chorizo, publica esta foto de la Île Saint-Louis. La Île Saint-Louis es una de las dos islas que tiene el río sena a su paso por París. La otra isla es la Île de la Cité es la más conocida y visitada porque ahí se encuentra la Catedral de Notre Dame.

La Île Saint-Louis está en el IV distrito de París y representa "Un oasis de calma en el bullicioso centro de París, esta isla sólo tiene calles de sentido único, dos paradas de autobús y ninguna estación de metro. La mayor parte de la isla se dedica a fines residenciales, pero hay varios restaurantes, tiendas, cafeterías y heladerías a pie de calle, así como una gran iglesia, la Église St. Louis en L’Île" (Wikipedia) .

Otro lugar que no es tan popular como la Torre Eiffel pero que es un sitio de interés es el Canal Saint-Martin. El canal tiene " una longitud de 4,5 km, de los cuales más de 2 km en subterráneo, comunica la dársena de la Villette con el Sena aguas arriba, con un desnivel de veinticinco metros. Inaugurado en 1825 el canal Saint-Martin consta de 9 esclusas y 2 puentes giratorios. Está abierto a la navegación 363 días al año.El tráfico comercial ha disminuido mucho para dejar su lugar a una actividad turística muy importante: Barcos de transporte de pasajeros y barcos de recreo individuales.

Su atmósfera particular, sus misteriosas bóvedas subterráneas, la poesía que transmite esta vía de agua bordeada de castaños y plátanos más que centenarios, y puntuada por pasarelas románticas: el canal Saint-Martin es un punto importante del turismo en París" (París Portal).

En estos dos sitios, en el Canal Saint-Martin (la i pronunciada como a) y la Île Saint-Louis, se pueden hacer pequeños días de campo mientras se admira el paisaje. París también es para sentarse y admirar la arquitectura, la concentración de personas de todo el mundo, en una ciudad hermosa, como la capital de Francia.

Y gracias al blog K-jeta et chorizo de Hugo Ceronne que me ayudó a viajar... porque, no puedo viajar ahora ¡pero si puedo soñar que viajo!.


Canal Saint_Martin






















¿Cómo llegar a la
Île Saint-Louis? Metro: Saint-Paul, Metro Pont-Marie o Metro Cité

¿Cómo llegar al Canal Saint_Martin? Metro: Jacques Bonsergent, Gare de l’Est, Château-Landon

miércoles, diciembre 10, 2008

Historia navideña de Walmart

Hace unos años la llegada del invierno me atrapó descuidado en un país extranjero. Trabajaba de locutor en una estación de radio y mientras estaba ahí cubriendo 7 horas al aire, cayó sobre la ciudad una burbuja de aire frío que comenzó a congelar el rostro urbano. Como locutor "al aire", tenía que poner las noticias y los pronósticos del tiempo cada hora y éstos decían que el clima estaba súper. Pero nada más salir al estacionamiento, el aire frío rasuró cada poro de mi cara haciéndome temblar como una camisa al viento en mi camino al coche.

Unas calles adelante, sobre el freeway 326, un enorme letrero anunciaba bajo el cielo gris la existencia de un Walmart y me detuve ahí rápido para comprar algo de comer y salir corriendo al departamento que compartía con otros dos para protegerme del frío.

En los Walmart extranjeros, suelen poner ancianitos a repartir los cochecitos para la despensa (a ese trabajo le llaman "Boogie pushers"). Y ahí, con una sonrisa que volvía borroso todo aquel paisaje de letreros con ofertas, adornos de navidad y gente caminando se encontraba una señora bajita como de 70, mirándome mientras sostenía un carrito del supermercado.

Al acercarme a tomar el carrito, la señora puso su mano pecosa sobre la mía y me indicó que me agachara para escuchar algo en el oído. Con dulzura, pero también con una firmeza maternal, me explicó en inglés que no era bueno que anduviera por ahí sin suéter y chaqueta con el frío polar que se había desatado por la ciudad. Explicó los peligros de atrapar una pulmonía y señaló hacia un letrero que informaba de una irresistible oferta de gorritos para el frío a sólo 5 dólares.

Sonreí ante el consejo y prometí abrigarme bien. No sé si aquello era una nueva forma de publicidad establecida por Walmart, pero fue un golpe bajo y terminé comprando uno de esos gorritos (azul marino, con banderitas de países alrededor). Días después regresé al Walmart y encontré otra vez a la ancianita recibiéndome con esa sonrisa que borraba el paisaje mercantil a su alrededor, sosteniendo un cochecito del supermercado en sus manos.

Al poner mis manos en el manubrio del cochecito, ella volvió a indicarme (¿ordenarme?) que me inclinara y a mi oído me dijo "hiciste lo correcto, hijo...". Estando solo en un país extranjero, con la musiquita de navidad por todos lados, esa frase me llevó flotando mientras hacia las compras rutinarias de sopa instantánea, cerveza y vino tinto, en el Walmart del freeway 236...

martes, septiembre 30, 2008

México: Obsesión con el picante
























Los mexicanos estamos casi obsesionados con el picante. Casi cualquier comida debe llevar salsa picosa, o acompañarse con un chile. Esta costumbre quizás tenga sus raíces en el profundo machismo que existe en nuestra sociedad. Quién sabe. Un sociólogo o un psicólogo podrían explicarlo mejor. La cosa es que no podemos vivir sin el picante y no entendemos cuando personas de otros países no lo toleran igual que nosotros.

No obstante, como he viajado, he tenido la posibilidad de darme cuenta que sí es posible comer sin ponerle chile a las cosas. Incluso, me he dado cuenta que algunas cosas saben mejor así, por ejemplo el arroz. Pero sobre todo, me he dado cuenta que otras culturas no consumen nada absolutamente de picante y he visto el efecto que causa a otras personas comer algo mexicano y picoso. He aquí unos ejemplos:

Estoy en una ciudad hermosa de Eslovaquia llamada Nitra, que está a unos 300 km de Viena, Austria. Ahí, hay un restaurante llamado "Mexico" y lo visito en compañía de una amiga llamada Monika. Yo pido un caldo Tlalpeño y ella unas sincronizadas de queso ypollo.


Las sincronizadas tienen en medio una rodaja, apenas visible, de chile jalapeño. Cuando Monika apenas prueba una gotita del vinagre que sale del chile, se pone roja. Casi se ahoga. No comprende cómo alguien puede comer eso.

Pedimos vasos y vasos de agua. Cuando por fin pasa todo, los dos sonreímos. Es sólo cuestión de acostumbrarse.

Mi amiga Raquel, madrileña, que hace un cocido y un arroz que están para chuparse los dedos, vino a visitarme un día a San Luis. Insistió en comer "lo mismo y de la misma forma que lo hacemos los mexicanos". Le advertí que eso era riesgoso pero insistió.

Comió de todo: tacos de bistek, chorizo, barbacoa, pastor, etc. ; gorditas de chicharrón, carne desebrada, huevo en salsa verde, etc. . Su regreso a España fue una pesadilla: tuvieron que darle algo en el aeropuerto de Frankfurt y pasó una semana recostada en su departamento de Madrid. la "Venganza de Moctezuma" que le llaman.

La obsesión de los mexicanos con lo picante y la actitud machista de comer y tomar duro es aveces infantil. Por ejemplo, una vez fui enviado a Chilpancingo, capital del estado mexicano de Guerrero - cerca de Acapulco - a un encuentro entre Organizaciones No Gubernamentales de Derechos Humanos. Llevaba una botella de Slivovice, un aguardiente checo. El que llevaba yo estaba echo en base a albaricoque. Tuve la osadía de de querer compartirlo con otros miembros de ONG´s que venían del resto de México, un día que tomábamos tequila que habían traído unos de Guanajuato. Mencioné que el slivovice que llevaba estaba hecho de albaricoque. Inmediatamente, la reacción de los otros fue de rechazo. Uno dijo: "es un aguardiente amariconado". Nadie tomó y yo guerdé mi slivovice para mejor ocasión. La actitud es infantil claro, por querer aparentar una hombría a la mexicana que es falsa: si los mexicanos fuéramos tan machos y tal no permitiríamos que nuestro gobierno carente de legitimidad nos pisoteara como ha hecho desde hace más de setenta años pero también porque se basa en la ignorancia. Por ejemplo, el slivovice es un aguardiente que no es dulce y que es mucho más fuerte que el tequila o el mezcal.

De igual forma, cuando los mexicanos viajamos, siempre tenemos que preguntar a los países que vamos si hay picante en tal restaurante, en tal puesto de Kevabs, o en la pizzería, tratoría, etc. . Es normal. Pero sería bueno tratar de comer como hacen en los lados que visitamos, para comprender dichas culturas y disfrutar de la diversidad que existe, afortunadamente, en el mundo.

jueves, julio 24, 2008

Mi primer encuentro con amigos en Praga y la cerveza checa Parte I


¡Praga! ¡Praga! fue el grito que me despertó la mañana del 10 de junio de 2002. Eran dos de los coreanos que viajaban conmigo desde Frankfurt en el mismo compartimiento de tren. Praga... República Checa. En ese momento no lo sabía, pero esas dos palabras se despertarían en mi corazón cada vez que bebiera una cerveza.

No había dormido bien la noche anterior, apretado entre cinco mochileros coreanos que invadieron todo el compartimiento. Pero era Praga y frotándome los ojos me levanté y me fui a asomar por la ventanilla para ver aquella ciudad que tantas veces había imaginado gracias a los libros. Y al asomar la cara por la ventanilla, lo primero que percibieron mis sentidos, fueron la hermosa arquitectura de la ciudad, un aire lleno de música y un dulce olor a cerveza, espíritu del alma checa.

Los coreanos que se encontraban a mi lado y que no hablaban casi nada de inglés y mucho menos de español, me veían y solo atinaban a decir ¡Praga! ¡Praga! con una sonrisa cómplice, porque todos sabíamos que lo que íbamos a ver, nada más bajando el tren, sería una ciudad majestuosa, en realidad una bella anciana, Praga, madre de las ciudades.

En el fondo, todos los seres humanos somos similares. No importa que uno sea de Olomouc o de San Luis Potosí, México. En el fondo hay mas cosas que nos unen que cosas que nos separan. Y esto me lo enseñó la cerveza checa.

Y es que una parte importante de mi viaje a la República Checa, corazón de Europa, fue guiado, sin querer, a través de la cerveza. Cuando mis amigos de Moravia me encontraron en el Monumento a San Wenceslao en la Václavské námestí (Plaza de Wenceslao) y sonrientes me dieron la bienvenida a su hermoso país, hacía un calor terrible de verano y por ello una de las primeras cosas que hicimos fue tomar, en un bar cercano al famoso barrio de Kampa, una cerveza que, sin saberlo, iba a cambiar muchas cosas en mí. Porque viajar puede cambiarlo a uno y la República Checa me cambió a mí, por su gente, su cultura y su cerveza.

El momento de mi primer cerveza checa no lo olvidaré. Y es que nada más entrar al bar, el perfume de la cerveza inundó mis sentidos. Mis amigos checos notaron una sonrisa leve en mi cara y sonrieron también. Sabían que el corazón de Europa estaba entrando por mi olfato y que me gustaba mucho. Y es que, no es extraño que casi siempre, la primera impresión de un país provenga de su olor. Amigos españoles y holandeses dicen que al llegar a México siempre perciben un leve olor a maíz. Y muchos extranjeros perciben en España y en Corea un fuerte olor a ajo cuando llegan a Seúl, Madrid o Sevilla. Por eso, el olor de esa dulce ancianita que es Praga es impactante, porque contiene el espíritu de una cultura ancestral, que, entre muchas otras cosas, ha dado al mundo la música de Smetana y la literatura de Karel Capek y, sobre todo, la hospitalidad y calidez del pueblo checo. Y esta característica de la Ciudad de las Cien Torres llega al mismo espíritu del visitante que sabe, que, durante su estancia y por siempre, estará inundado de la fragancia de Bohemia, Valaquia y Moravia. Del perfume dulce de la República Checa.


lunes, julio 21, 2008

Industria de viajes discrimina a los viajeros solitarios

El enlace a esta nota me fue enviada por una amiga y apareció en el sitio de viajes de MSNBC y en CNN. Es interesante, si estás planeando irte de viaje sola o solo :

"Algunas empresas dedicadas a los viajes tratan a sus viajeros en solitario peor que la carga. Shannon Kovack tenía pagado un viaje al sur de la India junto a una amiga el año pasado. Pero justo antes de su viaje, su amiga se rompió la muñeca y tuvo que quedarse en casa. "Yo me puse en contacto con la empresa de viajes y ellos me advirtieron que dado que yo era una viajera sola, tendría que pagar un adicional de $ 2990 dólares", dice. "Le señalé que nuestro viaje ya estaba pagado. No -dijo la mujer de la agencia de viajes-, hay que pagar un cargo extra "."

La nota que fue escrita por Christopher Elliott, ombudsman de la Revista National Geographic Traveler, señala una realidad que viven - vivimos – las personas solas: todo está más caro si al viajar no estás casado, si no andas de turista en grupo o con una pareja.

Por ejemplo, si quieres comprar un pase de tren en Europa y vas a viajar tú solo, entonces el costo del pase será más alto a comparación del costo que tiene si lo compras junto a otra persona.

También te dan las peores habitaciones – si es que tienes dinero para llegar a un hotel – y en algunos hostales de plano dicen que no aceptan “hombres solos”. La soledad es algo que nuestra sociedad no acepta. Y ahora ya hasta en los viajes han impuesto castigos a la gente sola que está sola porque… por miles de razones que NO SON un pecado o un crimen.

En el mundo hay Internet, viajes al espacio, clonación de mascotas, etc. pero en la mente de muchas personas existen todavía los prejuicios contra la gente que por una u otra razón es o parece distinta, como es el caso de la gente que viaja sola…

viernes, julio 18, 2008

Diario de Viaje: lo que se aprende en un vuelo de Praga a Madrid

A veces, durante un viaje, es posible que aprendas tantas cosas de ti que te lleven a sentirte contento, asombrado o triste por aquello que descubriste sobre ti mismo.


Esto lo he comprendido cuando viajé en un vuelo de Air Europe para Madrid. Estaba en la fila para registrar mi equipaje en Praga y adelante iba otro mexicano, Yo pensaba que era sueco porque era muy alto, de pelo, bigote y barbas muy rubias, pero cuando habló me di cuenta que era el acento de los que viven en la Ciudad de México.


Me fijé en él porque llevaba en las manos una cámara de vídeo digital semi profesional que yo siempre había soñado con tener. En el avión él tipo se sentó solo en los tres asientos que estaban del otro lado del pasillo. Y antes de despegar, le preguntó a la azafata - que era checa - si podía grabar el proceso del despegue desde su ventanilla. Dijo que era muy importante para él. La azafata le dijo que debía preguntar al capitán.


Y así lo hizo, fue y abrió la puerta del piloto y preguntó. Yo veía esto desde mi asiento. La azafata regresó e informó al muchacho que el capitán no había dado permiso (según esto porque el uso de aparatos electrónicos durante el despegue puede hacer fallar la comunicación del avión). Pero cuando despegamos, ese muchacho envolvió la cámara en su suéter y grabó todo a escondidas.

Lo vi y me vi a mi mismo hace mucho tiempo. Yo hacia ese tipo de cosas. Buscaba lograr mis metas. Y a veces, con imprudencia, no me detenía ante nada. Y ahora, no sé por qué, se acabaron mis fuerzas. Y cuando ya en madrid vi en el metro al muchacho africano aquel sonriendo esperanzado en vender los productos que llevaba en su enorme maleta para enviar dinero a su país, y cuando vi a un señor ecuatoriano feliz enviando 500 euros para su familia en Guayaquil, yo veía alguien que lucha, personas con una meta en su vida.


Y lo mismo con los otros inmigrantes que entregan publicidad a la entrada de la estación del Metro de Lavapies o los que andan caminando con un enorme letrero de restaurantes, casas de apuestas, etc. Veo lo que son y me da gusto: veo lo que fui hace mucho tiempo atrás. Alguien que lucha, con una meta, con una vida. Veo todo lo que yo he dejado de ser durante unos años y que poco a poco he vuelto a ser ya.


Y por eso, durante unos años, no fui una buena compañía para mi familia y mis amigos... Cosas que se aprenden en los viajes, una de las pocas herramientas que te impulsan a vivir...

miércoles, julio 02, 2008

Viajes: Gatos en La Habana

Estaba sentado en un restaurante al aire libre de La Habana vieja, una silenciosa noche de junio de 2006. Mis jefes del trabajo me habían enviado a un curso y estaba ahí disfrutando un son cubano que la brisa traía desde algún rincón de la ciudad, acompañado sólo por un señor que estaba al fondo en otra mesa, compartiendo su cena con un gatito blanco, mientras un mesero adormilado esperaba por otras clientes con un menú entre las manos.

Entonces siento algo que pasa pegado a mis piernas. Es un gato de color café que se para frente a mi, echándome una mirada demoledora que interpreté como “comparte algo conmigo por favor”.

Y pues comienzo a darle pedazos de pan y de pasta, y él a cada cosa que le pongo en el piso, se acerca un poco más. Al final lo tengo en mis pies. Animalitos como estos hay por todo La Habana y para mi fue agradable, porque ni siquiera mi primer noche en la capital cubana cené sólo.

Cuando el gatito aquel y yo terminamos de cenar, éste me siguió en mi caminata nocturna hasta que le interesó más una pizzería llena de turistas europeas. Mientras espero por el autobús del hotel tomándome una cerveza en el malecón, se me acercan tres señores guitarra y maracas en mano preguntándome “¿mexicano?” y yo sonrío y comienzan a tocar música mexicana, al momento que otro sin instrumento me pide un “CUC”*. Al fondo, unos novios cubanos se besan, arropados por la marea del caribe. A sus pies, un gatito blanco los mira con atención. Así fue mi primera noche en La Habana…

* Los CUC son unos pesos que equivalen, más o menos, al valor del euro. Esta moneda es la que deben usar los turistas cuando visitan Cuba. Existe otra moneda, de mucho menor valor, que es exclusiva para los habitantes de la isla.

miércoles, junio 11, 2008

Vino y pasta, una cena para levantar el ánimo con los recuerdos y mi perrito











¿Qué haces cuando necesitas levantarte el ánimo? ¡Pues ir al súper e inventarte una receta que hacer! Entonces, nada más salir del trabajo pasé a cobrar el pago de un cuento que traduje para una escuela y luego fui a comprar lo necesario para un “Fusili Arrabbiatta”.

Este manjar italiano lo aprendí a hacer gracias a Malin y Bibi (nos vemos en el Messenger ;) ), unas amigas suecas que una tarde nevada de Praga me invitaron a comer en su hostal gracias a que les dejaba usar mi laptop para revisar el correo y cargar un Ipod. Esa tarde usamos la laptop para escuchar videos en Youtube mientras yo “ayudaba” a prepararlo todo.

La cosa es que después de las comprar llegué a mi casa con todo lo necesario para comer como en Italia, pero no olvidé llevar algo para mi mejor amigo del momento: el Cayito, mi perro, que ya me esperaba ansioso detrás de la ventana de la sala. Los dos tendríamos una cena especial.

Después de acariciar al Cayito y revisar si no había hecho alguna diablura (nunca las hace pero siempre reviso) puse el agua a hervir y mientras eso ocurría subí a ducharme.

Nada más bajar, antes de poner la pasta en el agua puse en mi Ipod una tarantella para estar a tono (tata tata, tarará tarara tarará) y me puse a hacer la salsa y asar la pechuga del perrito que me veía ilusionado moviendo su colita.

En eso, el teléfono: una amiga anunciándome que había conseguido las pastillas que debo tomar a mitad de precio. La noticia me pone contento y le agradezco. La invito a venir a probar mi "fusilli" pero no puede. Luego llama mi hermano, dice que encienda la televisión, que Portugal le ganó a la República Checa en la Euro. Está contento. Quiere a Portugal porque en la Euro pasada fue a varios juegos con su novia venezolano-portuguesa e hizo amigos que aún conserva en Lisboa y Porto. Yo, como es lógico, siento enorme simpatía por la República Checa, porque es el país de Jana y porque en ese país tengo amigos y muchos recuerdos. Pongo la tele con el volumen abajo mientras sigo escuchando tarantelas y le digo a mi hermano que venga a cenar pero no puede. Tampoco Hugo, mi amigo. Nadie puede. Nunca nadie puede. Llegas a los treinta y todo es difícil, sobre todo el amor.

Termino de preparar la salsa, la pasta está cocida, la echo al sartén y mientras se cocina parto en pedacitos la pechuga para el Cayito y luego rebano una baguette. Después busco el sacacorchos. Como siempre, no está donde se supone que debe estar. Como cualquier hombre soltero, las cosas en mi casa están por todos lados menos donde deben. Por fin lo encuentro y voy por la botella de vino tinto español que guardé “para ocasiones especiales”.

Le quito el corcho, me sirvo una copa y un plato con la pasta. Le pongo al Cayito su pechuga en el mantel que tiene en el piso, pongo en la laptop el ACDsee para que de vuelta de manera aleatoria a las fotos de mis viajes, y mientras se escucha la tarantela, en la tele se ve a Cristiano Ronaldo festejar un gol y en la laptop los rostros de las personas queridas de Italia, República Checa y Eslovaquia. Es una cena especial.

El Cayito saborea su pechuga mirándome de tanto en tanto agradecido. Y yo brindo cuando veo el rostro de amigos y amigas, europeas y latinoanericanas sonriendo y de Monika P. mi angelita de la guarda cuando estuve en Eslovaquia. Brindo con ellas, y con Malin y Bibi que una noche nevada y solitaria, compartieron conmigo un “Fusilli Allarabbiatta” en la capital checa, el país de Jana, sus ojos grandes y su rostro blanco… Praga, esa hermosa anciana eslava que siempre añoro visitar una y otra vez…

Receta (en inglés, lo siento) en la página Recipes Epicourious
Tarantella cortesía de
marvello85 en Youtube :)


lunes, junio 02, 2008

Amor y coches robados

Mis ojos se abrieron sobre la almohada cuando una luz cruzó la pared de la iglesia y el sonido de un vehículo frenando hizo cimbrar la ventana. Al fondo, los números rojos del despertador marcaban las 3:20 de la mañana. Me incorporé del catre y caminé lentamente, sin hacer ruido para mirar a través del vidrio desde atrás de la cortina: Dos tipos se habían estacionado en el estacionamiento de la iglesia y discutían a gritos dentro del carro.

Mi temor no eran los tipos. Mi temor era la policía de aquel país donde se habla inglés. Que al escuchar el escándalo llegaran por ellos y luego tocaran a la puerta de la iglesia y me llevaran también a mí.

Uno de los tipos en el coche tomo del cuello al otro advirtiéndole algo en inglés y luego se bajo azotando la puerta con violencia y se perdió corriendo por el fondo de la calle. El otro se quedó ahí, inmóvil. Pensé que estaría desmayado o algo. De pronto miró hacia el asiento trasero y se inclinó para buscar unas cosas ahí. Luego se bajó del coche y se perdió por el lado opuesto de la calle.

Pensé en salir a ver el coche, pero preferí quedarme adentro. Apagué el reloj despertador por si acaso la poli llegaba y moví mi catre hasta un rincón en la oscuridad. Esa noche no dormí. Apenas tenía tres meses en el país donde se habla inglés. Vivía en una iglesia, gracias a un amigo, en una zona pobre de la ciudad, donde los drogadictos tenían su rincón favorito.

Para escapar de Vi primero me fui a Europa y luego llegué aquí, al país que habla inglés. Para ella fue difícil. Aquella noche en el hotel, cuando decidí no volver a verla, cuando se lo dije, ella gritó, lloró, azotó la puerta del baño metiéndose ahí por un largo rato y así. Me insultó. Dijo que todo era porque ella no me amaba y era mi venganza para no seguir viéndola. También me gritó que era poco hombre, que debía luchar por ella si de verdad la amaba. Que yo era peor que el alto ejecutivo porque era una hipócrita, porque yo quería lo mismo que él: usarla, abusar de ella.

Yo tenía muchas cosas que decir también, pero entendía la situación, entendía cómo se sentía y que así ella podría decir muchas cosas sin pensar. Pero hice lo único que me podía alejar más de ella. Lo único que puede alejar a un hombre de la mujer que ama, cuando ésta no lo ama. Me acerqué a Vi, la tomé de los brazos y la miré a los ojos. Ella estaba sorprendida.

Así la miré unos momentos. Su boca estaba apenas abierta, como si una palabra se hubiera detenido ahí. “Te quiero” – le dije. Después la solté y caminé hacia la puerta. Ella me siguió con la mirada en silencio. En la tele, al fondo de la habitación, había un anuncio donde una bruja decía que ella podía lograr que se realizara el amor de mi vida, de tu vida, de la vida de todos.

- Necesito fumar – expliqué antes de abrir la puerta- necesito algo que me quite esto que siento. Yo no quería amarte. De verdad. Pero siempre te imagino y acaricio el aire, como si tú estuvieras ahí sonriendo, delante del techo de mi cuarto. Pienso en todo lo que quisiera compartir contigo, en que quisiera ser alguien mejor para ti. Y cada palabra que dices, cada gesto que haces lo escucho y lo veo después, cuando voy a mi casa o cuando te recuerdo mientras tomo un café parado junto a un poste en el pasillo del trabajo. Yo he luchado por ti. Lo he hecho a mi manera. Pero no fue suficiente o no supe cómo hacerlo bien. Por eso, deberías escucharte a ti misma y luchar por la persona que amas y para eso es mejor que estés lejos de mí…

Cuando salí de la habitación unos novios se besaban en el jardín cercano a la piscina del motel. En los bares de la avenida los grupos de muchachos sonreían y celebraban. En un puesto de tacos envuelto en vapor, un perrito callejero disfrutaba el taco tirado en el piso que alguien le había regalado. Y yo contemplaba todo esto cuando un niño se acercó y me extendió un ramo de flores para que se lo comprara. Vi al niño, sonreí y le compre las flores. Terminé sentado en la banqueta, esperando el fresco de la noche calmara mi corazón.

Sería el último viaje que haríamos Vi y yo. Al regreso a San Luis, mientras yo evitaba el Internet y dejaba de comprar crédito para siempre a mi teléfono celular, Vi le decía al ejecutivo que sentía que estaba embarazada y éste le decía que estaba loca. El día que cambié mi e-mail y mi usuario del Internet, Vi me llamo para decirme cuán contenta estaba porque no estaba embarazada y que quería que nos viéramos. Y la noche que Jana, la que me contactó por “lo que escribí en Internet”, comenzó a hablar conmigo desde la República Checa, recibí el último sms en mi celular donde Vi decía que me extrañaba, que por qué no contestaba el teléfono, ni me conectaba. Y que aún conservaba las flores que le di, la noche aquella del último viaje que hicimos. Unos meses después me despedirían de mi trabajo, me iría a Europa y finalmente llegaría al país donde se habla inglés, donde una noche, no podría dormir porque afuera había un carro lleno de cosas robadas.

La mañana siguiente, salí para ver el vehículo. El vidrio trasero estaba completamente roto y había bolsas y cajas en desorden. También había botellas de cerveza dispersas por el piso, manchas de sangre y restos del vidrio. En un edificio al fondo de la calle, el sol observaba todo, escondido detrás de un enorme anuncio de galletas…

viernes, mayo 30, 2008

Promesas de Dios: al que tiene más se le dará más...




En él se aplicaba esa frase de la Biblia que dice algo como "al que tiene se le dará más"






Cuando Jana me encontró gracias a lo que publiqué en un sitio en Internet, tuve la posibilidad de hallar la salida que me apartara de Vi. Pero no fue fácil, porque Vi no quería apartarse de mi.

Pero también porque no dejaba de sentir una gran ternura (¿amor?) hacia ella. No obstante, en nuestra amistad, siempre estaba presente, como un fantasma, el amante de Vi.

El amante de Vi era un "alto ejecutivo" de la empresa europea donde trabajaban. Vi no le decía amante, claro, eso no existe en México. Aquí nos gusta usar palabras que no son feas, porque somos católicos y lo malo no existe. Por eso, Vi le llamaba a su amante "mi pareja", aunque éste era casado y tenía además una "segunda pareja". Según Vi, su pareja era "inteligentísima" y además tenía un gran gusto para los restaurantes y la música (un día dijo que le gustaba mucho uno de los discos de boleros de Luis Miguel, así que comencé a dudar de esto último).

Además, la pareja de Vi tenía un Mercedes, jugaba al golf, sus hijos iban al "mejor colegio de la Ciudad de México" y el tipo siempre andaba de traje... siempre. Mientras se llevaba a Vi a los moteles de lujo (pero moteles) yo iba en un autobús intentando leer algo, o escuchando música mientras una señora paseaba su bolsa llena de vegetales en mi cara.

Podría pensarse que eso me hacía sentir inseguro pero no, no era eso. Lo que me hacía sentir inseguro era que, pese a todo ese dinero e ínfulas, pese a que estaba casado, pese a que él se atrevía a compararla con otra amante, Vi genuinamente lo amaba. Sentía eso de verdad por el tipo y contra el amor no se puede hacer nada.

Y por eso, aunque me enfadaba la forma como el "gran ejecutivo" usaba a Vi, y pese a que ella disfrutaba dejándose usar, siempre terminaba sintiendo por ella una gran ternura. Era una niña que sentía amor y que sufría por ello. Y mientras yo escribía largos e-mails confortando a Vi por la nueva decepción con su alto ejecutivo, éste tenía sexo con ella, con la otra pareja que era alemana y con su esposa. Y cuando ella corría de la Ciudad de México a buscarme a San Luis, el amante de Vi llegaba a casa donde sus hijos y la esposa le esperaban con una sonrisa y su perro...bueno, no sé si tenía perro, pero tenía amor, sexo y dinero. Quizás carecía de algo pero tenía lo otro.

En él se aplicaba esa frase de la Biblia que dice algo como "al que tiene se le dará más" y al alto ejecutivo la vida le había dado además de la esposa dos "parejas", una de las cuales lo amaba muy a mi pesar.

Y si uno lo piensa un momento, esta promesa de Dios se cumple cabalmente, para bien y para mal. No sé qué diga la Biblia de los que no tienen nada o de los que tienen poco. Pero éstos seguro están aguardando por un cambio en la promesa que hizo Dios en ese libro, porque si no, entonces todos estamos fritos...

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sábado, mayo 24, 2008

¿Nuestra sociedad ahoga las posibilidades de amar?

"Una sociedad que no multiplica las ocasiones de ahogar (el amor), es ya mejor que la que siembra el odio, pero ni siquiera la más perfecta engendraría todavía el amor, que sigue siendo un asunto pirvado, de ser humano a ser humano…"

- Andre Bazin, ¿Que es el cine? editorial Rial, Madrid 1966










Andre Bazin es un teórico del cine, pero esta frase trasciende el ámbito del séptimo arte. México, por ejemplo, es una sociedad que multiplica las ocasiones de ahogar el amor. Lo hace porque, pese a que el mexicano suele hacer bromas y sonreir y "tener humor", la comunicación real, el escuchar a la otra persona es por lo general muy difícil por no decir imposible, porque muchas personas tienen un temor a ser comprendidos y eventualmente rechazados. Y por otro lado, si algo ha existido en México, a veces en la superficie y a veces debajo de ella es el odio. Nada más hay que recordad la época de elecciones para verificar el profundo odio que existe en el país.

Y este odio podría ser tolerado si no multiplicaramos las posibilidades de ahogar el amor, pero lo hacemos, cada día, cada momento, cuando no sabemos cómo comunicar y cuando no escuchamos. Y a veces aún intentándolo... y por esta condición, por negar las posibilidades del amor fue que busqué alejarme de Vi...





Video subido al youtube por clicheddisaster

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Las palabras escritas son mejores que el teléfono celular

Me quedé viendo los créditos de la película. Lo único que quería saber era el nombre del compositor de la música. Eso determinó el giro que daría mi vida los cuatro siguientes años, porque en el ruido del cine, no pude contestar la llamada que Vi me hacía al celular desde su oficina en la Ciudad de México.

Eran tres llamadas pérdidas desde su número y aunque las devolví nada más salir del cine, ella no contestó. Estaban espaciadas en el lapso de media hora. Si hubiera salido del cine nada más ver la escena final hubiera podido contestar. Pero la manía de ver los créditos de la música para bajarme el disco de Internet impidió que respondiera a Vi. Sentía que no haber respondido tendría alguna consecuencia, porque Vi nunca nunca nunca me llamaba desde su oficina a mi celular.

No lo sabía, pero mientras iba en el autobús a mi casa, con el celular en la mano, por si acaso ella llamaba, Vi viajaba en el BMW de aquel “alto ejecutivo” hacia un motel de lujo en las afueras del D.F.

Cuando intenté llamar por tercera vez a su celular, mientras el autobús dejaba embarradas las luces de la ciudad en el vidrio de mi ventana, Vi estaba besándose con el alto ejecutivo, que era muy brillante y apuesto, según ella.

Al momento que entraba a la tienda por agua mineral, cerveza y pan, Vi respiraba el aliento del alto ejecutivo, que ahora si se iba a divorciar, que ahora si iba a dejar a su esposa, sus hijos y las otras novias que tenía para estar con ella, que también era una alta ejecutiva, brillante y guapa.

Mientras levantaba la propaganda de los supermercados de la entrada de la casa, Vi sonreía con la cara enrojecida, feliz de estar con el alto ejecutivo, con el que viajaba a Europa para las cosas del trabajo, con el que se besó en el puente de Londres bajo la lluvia.

En el Winamp estaba “Emocional Rescue” de los Rolling Stones y yo marcaba a la casa de Vi cuando el alto ejecutivo se levantó de la cama para meterse a bañar, mientras ella le seguía con la vista esperanzada en que todo iba a estar bien.

En el instante que me conecté a la Internet para leer aquel mensaje que pedía que estuviera ahí porque ella necesitaba hablar conmigo, el alto ejecutivo comparaba el cuerpo de Vi con el de su otra novia, una alemana que la misma empresa había traído a trabajar a México. “Su piel está más firme” le decía a Vi mientras se ponía una corbata en el espejo y mientras yo aguardaba por ella en el Internet.

Yo abría una cerveza y ponía un disco de Los Smiths cuando el alto ejecutivo dejó a Vi con su rostro apagado en la esquina donde se pone la señora que vende tamales cerca de la entrada del metro y no en la puerta de su casa porque la calle era sentido contrario y "que flojera dar la vuelta a la manzana".

Estaba por desconectarme de Internet cuando, al mismo tiempo, llamaron por teléfono, y aparecieron los mensajes de una muchacha desconocida llamada Jana y el de Vi, parpadeando en la pantalla de la laptop.

Al teléfono, unos amigos sonsacándome para irnos a emborrachar, en el mensaje de Vi un “Marco, me siento muy mal” y en el de Jana, una esperanza, un escape de las parrandas sin sentido y la tensión que me provocaba la situación de Vi.

Ese día comenzó mi odio a los celulares, y mi aprecio por las palabras escritas. Los mensajes en un celular se diluyen nada más colgar. Las palabras escritas permanecen, Hablan al corazón y no al oído, como aquel mensaje que decía “hola, soy Jana, soy checa, leí el cuento que ha publicado en Internet” que me ayudó a escapar semanas después.

¡Por favor no me ames! Parte
¡Por Favor no me ames! 2
Diario de viaje 1: La prostituta de la calle Mobberly
Diario de viaje 2: El ángel de la caja 7
Diario de viaje 3: Fantasmas de Viena
Diario de viaje 4: "No sé quién eres... pero estoy contigo... I´m with you..."
Diario de viaje 5: Cerveza, Café y la Scarborough Fair
Diario de viaje 6: Cantando bajo la lluvia

Diario de viaje 7: Sólo los niños se niegan a vivir sin amor...
Diario de viaje 8: Esperanza en La Habana
Diario de viaje 9: ¿Crece la Intolerancia en europa?
¿Es necesario soñar?
¿Por qué Diana de Gales amaba al príncipe Carlos?
Viaje ácido de alguien que no vio el final de la fea más bella

sábado, mayo 17, 2008

¡Por Favor no me ames! Parte II


Cuando desperté aquella mañana en el hotel, Vi estaba frente a mi en ropa interior sonriendo con mi mini-disc en la mano y los auriculares puestos. El sonido estaba tan alto que pude distinguir “María” el último éxito que tuvo Blondie al final de los 90´s.

Me incorporé y ella me empujó con las manos para que volviera a acostarme y se puso a cantar la canción bailoteando. Me dio risa. Esa era la Vi que conocí y la que me gustaría que volviera.

Repetía la letra con dificultad haciendo sonidos cuando desconocía lo que seguía mientras una línea de luz llena de polvo cruzaba su rostro hacia una pared en el fondo.

“Oooh don't you wanna take her?
Wanna' make her all your own?”

(No la quieres tomar?
¿Quieres hacerla tuya?) Repetía aunque esa parte de la canción ya había. Yo, sonriendo le lancé la almohada que estaba a mi lado y ella la esquivó con facilidad para saltar sobre mi estomago.

“Maria

You've gotta see her
Go insane and out of your mind

Latina
Ave Maria…”

Un día antes estaba llorando pidiendo que no me enamorara de ella y ahora parecía que hubiera retornado a la preparatoria, cuando a los dos no nos importaba el trabajo, ni las tareas ni esa sensación de soledad que está sentada al lado en la silla del trabajo, de la mesa, del autobús.

Yo miraba su rostro cantando para recordarlo así cuando me fuera, porque me iba a ir de México para hacer lo que me había pedido y no terminar enamorado de ella. Quise recordar cada espacio de su boca y sus ojos abiertos, que me dejaban ver a la Vi que era, que es cuando todos sus fantasmas quedan atrás. Esa Vi tendría que iluminar mi mente en los tiempos difíciles que se vendrían cuando me fuera a aquel país donde hablan inglés…

La canción terminó y quitándose los audífonos se acostó sobre mi pecho mirándome.

“La próxima vez trae otros audífonos para mi y escuchamos juntos” dijo poniendo un dedo sobre mi barbilla.

No iba a haber otra próxima vez porque me iba a ir, pero no quise echar a perder el momento. Esa mañana no salimos. El único paisaje que quería recordar de nuestro último viaje juntos era el suyo. Sin fotos ni nada, sólo una luz en mis recuerdos…

Vídeo subido al youtube por adrenalinika




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miércoles, mayo 14, 2008

Por favor no me ames

Me dijo que no la amara mientras lloraba recostada en la cama."No te enamores de mi" repetía. Yo la observaba intrigado desde el fondo de la habitación. ¿Qué haces ante una solicitud como esa? Yo me acerqué, le sonreí y le limpié las lágrimas con mi pañuelo. Ella sonrió también calmándose.

- Voy a la tienda ¿Quieres algo? - dije levantándome y Vi movió su rostro rojo de lágrimas diciendo que no.

Salí del cuarto de hotel y mi sonrisa se transformó en una mueca de confusión. No amaba a Vi. Pero era indudable que sentía una gran ternura hacia ella, y que me dolía que anduviera con tipos casados que la herían y abusaban de ella. Pero ¿qué hacer?
¿Se puede proteger a alguien de sí misma?

En lugar de ir a la tienda me metí a un bar a tomar algo en la barra. Pensando mientras el humo de cigarrillos y la música dance de los adolescentes que estaban ahí me acosaban. Pensé que tenía que irme de México, evitar enamorarme. Los hombres somos predecibles. Creemos que podemos proteger, defender. Nuesra arrogancia nos lleva a hacer esto y a confundir ese sentimiento de protección con amor. Además, Vi necesitaba que yo me fuera, debía darse cuenta que todo ese cariño filial que le tenía debía provenir también de quien ella amara, que hubiera alguien completo para ella y no un tipo que le daba sexo y el otro que la escuchaba y que quería protegerla. Yo también le estaba haciendo daño al estar ahí, al ser el refugio para evadir la desiluisión. Al regresar al hotel, ella estaba dormida. En la tele vendían no sé que poción mágica para reducir la cintura y Vi apretaba muy fuerte entre sus manos mi pañuelo. En mi lado de la cama, sobre la almohada, había una nota: "Gracias. TQM".

Apagué la tele y salí a sentarme a la terraza del hotel. Al fondo del pasillo, unos novios se besaban...

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martes, mayo 13, 2008

¿Por qué es tan importante el amor?

El sábado pasado, luego de asistir a un partido de fútbol de la primera división profesional de México, tres de mis amigotes y yo fuimos a un bar con 4 muchachas. Gran parte del tiempo, la conversación giró sobre el tema del amor. Yo permanecí al margen de la charla porque preferí escuchar lo que decían.


La cosa es que, para nadie de los que estaban ahí el amor había sido un éxito. Según lo que hablaban, todos habían padecido muy malas experiencias que los hacían tener miedo a enamorarse otra vez. Llegado un momento, inevitablemente, voltearon hacia mí para preguntarme qué pensaba.

"Miren - dije sonriendo- yo no se de esto. Las únicas citas que consigo son con mi perrito cuando él me saca a pasear". Esperaba que ellos sonrieran, pero no sonrieron en absoluto. "Todos estamos opinando - dijo una de las muchachas - ¿por qué no compartes lo que piensas?".

"OK." - respondí luego de dar un trago al tequila - y solté una serie de ideas que tenia sobre el amor, leídas por aquí y por allá.

"Una anécdota - pidió en tono de orden la chica aquella, mirándome fijamente atrás del humo de su cigarro - cuéntanos una anécdota".

Todos me miraban con atención. "¿Por qué es tan importante una anécdota mía? - pregunté tratando de comprender el interés.

La chica apagó su cigarro en el cenicero, sonrío sin quitarme la vista de encima y dijo: " Porque me parece que, de todos los de aquí, tú eres el único que no tiene ni una anécdota que contar relacionada con el amor, con una novia o una amiga con derechos * "

Miré a mis amigos intentado preguntar con la mirada "Pero qué clase de tipa es esta, qué se trae conmigo".
Pero mis amigos me veían también expectantes, como si pensaran lo mismo. Uno de ellos dijo, incluso: "Si, cuenta algo...no cuentas nada, no te conocemos nada".

Entonces bebí del tequila, viendo a dos novios, sentados una mesa más allá, besándose. Dejé el tequila sobre la mesa, los miré y pensé en las anécdotas que tenía. En el beso bajo la lluvia en un parque, con aquella muchacha; recordé la mañana en que otra muchacha me despertó con sus caricias, sentada a mi lado en la cama. Vi a los novios aquellos mirándose a los ojos y me acordé de las tardes heladas con aquella otra muchacha, mirando vídeos, acostados mientras comíamos palomitas, o las noches largas de charla en penumbras recostados en una cama. Amores que no duraron, porque eran amores imposibles. Era cierto, no tenía anécdotas interesantes que contar sobre el amor y nadie conocía a éstas muchachas de mis recuerdos. Por eso, volví a beber tequila. Los miré y dije: "Es cierto, no tengo nada que contar... lo prefiero a tener estas anécdotas amargas y de desesperación que he escuchado de ustedes hoy...".

Se hizo un silencio, y uno de mis amigotes, sonriendo, preguntó: "¿Y cómo vieron el partido de hoy?". Y ahí se acabó por esa noche el tema del amor. Al fondo, los novios aquellos seguían besándose...

* Eufemismo usado en México para referirse a una amante...

lunes, mayo 12, 2008

El Odio, la película que adelantaba la tensión social en Europa

"¿Supiste del muchacho que se cayó de un rascacielos? Mientras pasaba por cada piso al caer, el muchacho, para tranquilizarse, se repetía a sí mismo: Hasta ahora todo va bien... hasta ahora todo va bien... la caída no es lo importante. Lo que importa es el aterrizaje..."


- Hubert, personaje de "El Odio" (Francia-1995) dirigida por Mathew Kassovitz.


Durante unos disturbios entre la policía y jóvenes hijos de inmigrantes en los suburbios de París, la policía pierde una pistola y detiene a varios de los que protestaban. En los interrrogatorios, la poli se va de la mano con uno de los detenidos y casi lo mata. La pistola extraviada es encontrada por uno de los manifestantes que jura que si el detenido muere, él le disparará a un policía. Este es, más o menos, el argumento de "La Haine" o "El Odio", película dirigida por Mathew Kassovitz que narra la tensión acumulada en la sociedad francesa que aún no sabe cómo integrar a los nuevos franceses hijos de inmigrantes.

La Haine resultó ser un anuncio de lo que después serían los disturbios raciales de 2005 en Francia, en los cuales los hijos de inmigrantes se rebelaron contra su situación de injusticia laboral, contra la certeza de su NO FUTURO y la desigualdad frente a los franceses blancos.

Ese otoño de 2005 fue un otoño de odio... del odio que habla la película de Kassovitz.

Aquellos disturbios de 2005 fueron muy violentos y durante mi viaje en el 2006 a París y a la ciudad de Evreux, pude constatar las huellas de dichas revueltas, así como la tensión racial que aún existe en los suburbios y barrios pobres de algunas ciudades francesas. Desde la mirada fija de un musulmán al verme pasar por su barrio, hasta los muros quemados y cárteles con cosignas revolucionarias.

De alguna forma, Matthew Kassovitz tuvo la capacidad de ver lo que ocurría en Francia y tuvo la visión de lo que pasaría años después y por eso filmó La Haine, que narra 24 horas de la vida de Vinz, un judio, Saïd, un árabe, y Hubert, un boxeador negro que viven en un"ghetto" cercano a París donde las tensiones sociales han llegado a un punto de ruptura a causa de la opresión que ejerce, sobre todo en los jóvenes, la policía francesa. La cinta descifra el problema: los franceses - y quizás los europeos - se mienten a sí mismos diciendo que nada va mal... que están cayendo, pero que nada va mal... porque lo que importa no es la caída, sino el aterrizaje...

Sin duda una película para volver a ver o para descubrir, si es que uno quiere entender no sólo a Francia, sino a ese nuevo país llamado Unión Europea... aquí el trailer de la película subido a Youtube por clemgren

miércoles, mayo 07, 2008

Nota de viaje 9: ¿Crece la Intolerancia en Europa?






"... la muchacha musulmana se recostó sobre el pecho de su madre que le acariciaba de manera muy muy dulce. La alemana hacia esfuerzos por no verlas y no rozarlas con sus pies. El turco se tapaba el rostro con la mano y yo…yo fingía que no me importaba nada. Y las luces de algunas ciudades alemanas que cruzábamos en el tren revelaban esa sensación de soledad que sin duda todos los que íbamos en ese compartimiento sentíamos".

Las primeras estaciones del tren éramos un turco que vestía impecable de traje y yo. El turco era turco porque él mismo lo dijo. En realidad yo pensé que era francés pero el dijo que era “turkai” y explicó en un inglés entrecortado que él vivía en Austria, pero que no era austriaco sino que sus orígenes eran turcos. Parecía querer dejar esto muy bien claro. Entonces, una pareja de austriacos, él, de traje (casi un sosias de Franz Beckenbahuer) junto con su mujer, intentaron entrar al compartimiento. Me dijeron “halo” pero luego lo vieron a él y optaron por no entrar cual si hubieran visto al diablo en persona.

Hasta ahí todo iba bien, pero entonces llegamos a Baden Baden y subieron una alemana y luego dos mujeres, una madre y la hija de unos 19 años que eran de…no sé de dónde, pero seguro musulmanas, aunque no usaban la burka. Tensión. La alemana iba sentada a mi lado y veía con recelo a las otras dos. Las otras dos la veían de reojo y guardaban silencio. El turco llevaba tapado el rostro con la mano izquierda.

Silencio y miradas furtivas entre todos. Un vaso de cristal hubiera estallado si alguien hubiera tenido uno entre las manos. La señora y su hija sacaron una botella de agua Perrier y casi como si se tratara de una bomba peligrosísima, la fueron abriendo muy lentamente para no llamar demasiado la atención. La alemana inclinó su rostro como queriendo esconderse en la oscuridad, como queriendo que su cuerpo viajara ahí pero no su mente. Entonces la muchacha musulmana se recostó sobre el pecho de su madre que le acariciaba de manera muy muy dulce. La alemana hacia esfuerzos por no verlas y no rozarlas con sus pies. El turco se tapaba el rostro con la mano y yo…yo fingía que no me importaba nada. Y las luces de algunas ciudades alemanas que cruzábamos en el tren revelaban esa sensación de soledad que sin duda todos los que íbamos en ese compartimiento sentíamos.

En Viena, tengo que ir a otra estación para viajar a Bratislava. Por eso tuve que salir y subir a un tranvía urbano (como esos que hay todavía en Ciudad de México) para llegar a la Sudbanhoff desde donde salían los trenes a la capital eslovaca. Nada mas salir, veo publicidad política. Un partido dice algo en alemán contra el Islam en un cartel pegado cerca de la banca cubierta para esperar los tranvías. No sé alemán, cierto, pero sé que ese partido pugna contra el Islam porque Islam se escribe Islam en alemán y porque alguien añadió con un plumón rojo “NAZIS!!” sobre el cristal.

Odio, intolerancia. Desolación en los corazones. Eso también es Europa. Eso también es México. Eso también soy yo. Tomé el tranvía equivocado. Mejor dicho, tomé el indicado pero con rumbo opuesto. Sin embargo, tuve un presentimiento me bajé en cierta estación porque vi pasar unos ancianos que arrastraban unas maletas. Bajo esta lógica que seguí, es lógico, también, comprender que todos esos apuntes que hice no sirven de nada cuando uno es un… tonto que termina cargando una mochila, dos maletas y unos tenis Adidas en la mano.

Pese a todo tuve razón: esa era la estación sur de Viena: una nave lúgubre y sucia, aún peor que cualquier estación de autobuses de la clase más baja que pudiera haber en México, un país del tercer mundo o más, más allá.

Ahí en la estación busqué un baño. La estación Sudbanhoff de los trenes nacionales de Austria, en Viena, es horrible. Está sucia, vieja y se percibe un desprecio por los que viajamos hacia estos hermosos paisajes eslavos. Esto, los paisajes que pude ver de Francia, de España, de Alemania, de Austria fueron los suficientemente hermosos, al grado que hicieron que este viaje de un día y medio entre Madrid y Viena valiera la pena…

Los baños de la estación estaban custodiados por un señor que dormitaba en una silla. El olor y el agua en el piso me advirtieron antes de siquiera entrar que no tendría caso tratar de cambiarme de ropa ahí, dado que no iba a poner las maletas en aquel piso asqueroso…

Entonces tuve hambre. En un negocio cercano al anden vendían “Pizza y Kevab”. Curioso, alemanes no soportan viajar en el tren con un turco pero si gustan de comprar kevab a 4.50 euros más la coca-cola…

El tren a Bratislava, pese a ser de“2ª clase” era un tren muy limpio y moderno. Con asientos confortables, amplios y mesitas. Todo era automático. Entonces ahí lo hice: me lavé el torso, me cepillé los dientes, me rasuré, me lavé el cabello, etc. Y me cambié de ropa para lucir presentable ante Moni que iba a recibirme a la estación. Este hecho me valió insultos en (¿eslovaco?) de los otros pasajeros porque tardé demasiado ahí dentro del baño del tren, que por cierto también estaba muy limpio.

Al salir ya estábamos en Bratislava… Es curioso, pero ni siquiera me di cuenta cuando llegamos, salvo por los inevitables grafitis pintados en las paredes de los edificios que también vi en Madrid, París, etc… Había llegado la hora. Cargué con las maletas y luego de dar vueltas confundido por andenes encontré la salida al vestíbulo de la estación. Subí unas escaleras y la vi. Estaba ahí como un ángel buscando en todas direcciones por mí. La estación era oscura pero ella brillaba en el sitio y al voltear me reconoció inmediatamente. Llegando a Nitra, su primer comentario fue “está calle está habitada casi solamente por gitanos… por lo menos aquí es solamente una calle… y no como en Presov que es casi toda la ciudad…”.

Moni iba a ser mi guía, principal apoyo y amiga de ahí en adelante…