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jueves, diciembre 25, 2008

Comprando diversión a 12 meses sin intereses
















Debido a la crisis "global", las tiendas han estado ofreciendo todos los vinos y licores a 6 y 12 meses sin intereses comprando con tarjeta de crédito. A ese grado llega la debilidad salarial en México. Uno ya se piensa dos veces comprar tal tequila, vodka, ron, etc. Al menos ahora es Navidad y hay un poco más de dinero. Y precisamente por esto de Navidad y Fin de Año los comercios tienden a abusar:

Unas papas fritas - que en México usamos como botanas o para "pinchar" como dicen en otros países - que costaban 13 pesos, ahora valen 19 ¡de una semana a otra! O el otro día, después de tomarme una cerveza en un bar, salí y en el camino a la casa me encontré con un puesto de tacos - deliciosos por cierto - donde me comí 6 a 5 pesos cada uno. Los tacos estaban tan buenos que al siguiente día invité a mi hermano a que fuéramos. Cuando lleguamos, el letrerito que decía "5 pesos c/u" tenía un pegote que decía 7 pesos. Esto fue apenas la semana pasada.

Ni que decir con las computadoras (ordenadores pues): la que quería costaba 10 mil pesos y ahora la venden a 12, pese a que es la misma y que seguramente fue comprada antes de la "crisis global".

Un empleado común y corriente como yo puede aceptar (echando algunas maldiciones al gobierno) que comprarse una Mac, un coche o una casa sea algo para unos pocos elegidos. O vivir para pagarle a los bancos la tarjeta de crédito. Lo que es intolerable es que uno tenga que recurrir a un crédito de "6 o 12 meses sin intereses" para tomarse un vino tinto, un tequila para poder embriagarse y pasarlo bien o para olvidar que todo eso que uno trabaja diariamente es pagado a un costo muy bajo y que para divertirse hay que sacar un crédito a 6 o 12 meses "sin intereses". Por cierto ....Feliz Navidad

lunes, diciembre 15, 2008

Navidad de perros

En México existe la costumbre de lanzar cohetes o fuegos artificiales en algunas fiestas religiosas, por ejemplo esta temporada navideña. Se hace muchas veces sin el más mínimo cuidado lo que provoca heridos o muertos, ya sea por la explosión de fábricas que no cuentan con los más mínimos controles de seguridad o porque alguien se voló los dedos cuando algún petardo explotó antes de tiempo.

No obstante, hay otras víctimas de estos fuegos artificiales: los animales, particularmente los perritos. Escuchan un cohete y se llenan de miedo y ladran o van y se esconden donde puede. Esto le pasa a mi perro con frecuencia y en los días de fiesta religiosa, sobre todo el 12 de diciembre que es el día de la virgen de Guadalupe, pasa las noches en vela o buscando mi protección.

El Año Nuevo del 2007, los cohetes fueron particularmente fuertes. Incluso cimbraron los vidrios de la casa donde vivo. Mi perro estaba asustado y ladraba y ladraba luego de cada cohetazo. No obstante, mi preocupación no era él, sino el perrito del vecino de enfrente, que se había ido de fiesta desde un día anterior y había dejado al perrito – que se llamaba Miqui – afuera, en el jardín.

Miqui no me quería. Me ladraba y ladraba todos los días cuando pasaba por el frente de la casa de su amo para irme a trabajar. Pero ese año nuevo que lo vi aterrorizado por tantos cohetes, decidí tratar de protegerlo. Eran ya las 2 de la mañana y aproveché que había demasiado pavo en la casa para llevarle de comer.

Todavía había cohetes sonando a lo lejos cuando salí a buscarlo en el jardín del vecino. Mi perro me observa desde el patio ladrando. Miqui no se veía en el jardín porque estaba todo oscuro. “Miqui…Miqui…” le llamé durante varios minutos hasta que por fin vi sus dos ojitos brillando detrás de unos arbustos donde estaba escondido. Aún así tuve que insistir varias veces para que se acercara a la reja. Se acercó y su carita estaba triste. Miré la reja pero no había manera de sacarlo de ahí. Lo lamenté porque yo quería llevarlo a mi casa al menos por esa noche. Mi perrito no dejaba de ladrarme desde el patio al otro lado de la acera. Y Miqui lo observaba intrigado, mientras sus orejitas se levantaban como dos signos de admiración. Entonces comencé a darle los pedazos de pavo que llevaba, los cuales se saboreó con ganas, mientras me miraba agradecido. Al final le di una pierna completa de pavo que tomó entre sus colmillos. Me miró feliz y se volvió para perderse otra vez detrás del arbusto. Tenía un hueso que enterrar. Sonriendo, crrucé la acera para regresar a mi casa mientras mi perrito daba brincos y ladridos de reclamo.

Los días siguientes volví a salir por la noche a buscar a Miqui para darle más pavo o lo que tuviera. Y mi perrito seguia viendo todo desde el patio de mi casa pero ya sin ladrar, atestiguando la amistad que nacía entre otro perrito y yo…

Notas relacionadas:

Las Mascotas se Parecen a sus Dueños

Los animales también tienen derechos

miércoles, diciembre 10, 2008

Historia navideña de Walmart

Hace unos años la llegada del invierno me atrapó descuidado en un país extranjero. Trabajaba de locutor en una estación de radio y mientras estaba ahí cubriendo 7 horas al aire, cayó sobre la ciudad una burbuja de aire frío que comenzó a congelar el rostro urbano. Como locutor "al aire", tenía que poner las noticias y los pronósticos del tiempo cada hora y éstos decían que el clima estaba súper. Pero nada más salir al estacionamiento, el aire frío rasuró cada poro de mi cara haciéndome temblar como una camisa al viento en mi camino al coche.

Unas calles adelante, sobre el freeway 326, un enorme letrero anunciaba bajo el cielo gris la existencia de un Walmart y me detuve ahí rápido para comprar algo de comer y salir corriendo al departamento que compartía con otros dos para protegerme del frío.

En los Walmart extranjeros, suelen poner ancianitos a repartir los cochecitos para la despensa (a ese trabajo le llaman "Boogie pushers"). Y ahí, con una sonrisa que volvía borroso todo aquel paisaje de letreros con ofertas, adornos de navidad y gente caminando se encontraba una señora bajita como de 70, mirándome mientras sostenía un carrito del supermercado.

Al acercarme a tomar el carrito, la señora puso su mano pecosa sobre la mía y me indicó que me agachara para escuchar algo en el oído. Con dulzura, pero también con una firmeza maternal, me explicó en inglés que no era bueno que anduviera por ahí sin suéter y chaqueta con el frío polar que se había desatado por la ciudad. Explicó los peligros de atrapar una pulmonía y señaló hacia un letrero que informaba de una irresistible oferta de gorritos para el frío a sólo 5 dólares.

Sonreí ante el consejo y prometí abrigarme bien. No sé si aquello era una nueva forma de publicidad establecida por Walmart, pero fue un golpe bajo y terminé comprando uno de esos gorritos (azul marino, con banderitas de países alrededor). Días después regresé al Walmart y encontré otra vez a la ancianita recibiéndome con esa sonrisa que borraba el paisaje mercantil a su alrededor, sosteniendo un cochecito del supermercado en sus manos.

Al poner mis manos en el manubrio del cochecito, ella volvió a indicarme (¿ordenarme?) que me inclinara y a mi oído me dijo "hiciste lo correcto, hijo...". Estando solo en un país extranjero, con la musiquita de navidad por todos lados, esa frase me llevó flotando mientras hacia las compras rutinarias de sopa instantánea, cerveza y vino tinto, en el Walmart del freeway 236...

jueves, junio 12, 2008

La Leyenda del Cristo de los Brazos Caídos en Barra de Navidad

Si estás planeando irte de vacaciones este verano, es recomendable visitar la página del viajero Tom Zap que se especializa en el pacífico mexicano cuyas playas y ciudades son tan hermosas como las del Caribe, pero más baratas y con más ambiente.

Zap comparte información de hoteles, hostales baratos y buenos, así como de lugares que visitar y descripciones de playas como San Patricio Melaque y Barra de Navidad (mi favorita). Lo único es que esta información está en inglés (¿Por qué será que la Secretaría de Turismo de México no tiene información como esta, tan completa y detallada y que no sólo busca el turismo de millonarios?). Sin duda, el Pacífico mexicano es una muy buena opción para estas vacaciones ;) .


Y si vas a Barra de Navidad no dejes dde visitar la iglesia, pues tiene una leyenda divertida: "La Leyenda del Cristo de los brazos caídos". Resulta que el siglo pasado, durante un huracán, la gente buscó refugio en la iglesia. Hacía un viento fuertísimo y aquello parecía el fin del mundo. Entonces, la gente, cuentan, rezó para que todo acabará. De pronto, al terminar de rezar, el cristo en la cruz pegado detrás del altar dejo caer sus brazos y en ese momento, dicen, el huracáns e acabo :) ... ¡Buen viaje!