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miércoles, marzo 24, 2010

Viajando con Juli y Fatih Akin por Turquía


"Querida, he viajado miles de kilómetros, he cruzado ríos y movido montañas. He vivido y padecido sufrimientos. He resistido la tentación y he seguido el sol, para estar ante ti y decirte que te quiero".


Puente sobre el Bósfor en Estambul, Turquía. foto:
Mototurismo


Yo comencé a viajar desde que tuve uso de razón. No físicamente claro, ni fumando nada. Sino leyendo, mirando películas y escuchando historias de quienes habían estado en otros lugares. De ahí que soy un aficionado al séptimo arte, sobre todo de aquellos países que provocan mi curiosidad. Uno de ellos es Turquía.

Este interés por el país que divide Europa del Medio Oriente me llevó a ver una película alemana (dirigida por un turco) cuyo trama central es el viaje que hacen una muchacha y un muchacho alemanes desde Hamburgo hasta el Puente del Bósforo en Estambul. Él en busca de una mujer y ella en busca de un hombre.

La película se titula "Soy Juli" (Fatih Akin– 2000) y representa un auténtico viaje a lo largo de varios países del centro de Europa. Junto a Juli (Christiane Paul) y Daniel (Moritz Bleibtreu), los protagonistas, visitamos Hungría, Bulgaria y Rumania. Vemos algunos aspectos de la cultura de estos países, viajamos en un barco a lo largo del Danubio y vemos diversos paisajes de esta hermosa región europea hasta llegar al simbólico puente sobre el Bósforo, que divide Europa del Medio Oriente, en la misteriosa ciudad de Estambul.


Juli pidiendo aventón en las afueras de Hamburgo
La cinta es del género "road movie", en un tono de comedia, que incorpora elementos del romance y la aventura. El espíritu de "Soy Juli" es totalmente viajero: en la cinta hay una escena en la cual Juli se detiene a pedir aventón (ride, autostop) en una carretera en las afueras de Hamburgo. Mientras hace la señal copn el dedo gordo le explica a una amiga: "Cada año hago lo mismo. La primera persona que se detenga decide a donde viajaré ese verano…". ¿No es éste el espíritu juvenil que nos sale cuando viajamos de mochila? Todos hemos sido Juli, julio, el verano alguna vez. Juli como el cambio de piel, como la posibilidad de dar otro sentido a nuestras vidas.


Daniel y Juli en la frontera Rumana
En lo personal alguna vez apliqué esa frase de la película durante los viajes (pocos) que he realizado. Pero principalmente hice lo que confiesa Daniel a la mujer misteriosa que lo esperaba bajo el Puente del Bósforo, aquella soleada tarde de julio: "Querida, he viajado miles de kilómetros, he cruzado ríos y movido montañas. He vivido y padecido sufrimientos. He resistido la tentación y he seguido el sol, para estar ante ti y decirte que te quiero".

"Soy Juli" tiene un puntaje de 7.9 estrellas que le han otorgado los usuarios de la Internet Movie Database y su director Fatih Akin ha ganado varios premios importantes. La película es fácilmente descargable de Internet, mediante portales como Taringa o Vagos.es. o el blog cultmoviez.blogspot.com . Si el próximo verano no puedes viajar, Soy Juli es una buena opción para hacerlo con la imaginación…


La banda sonora de Soy Juli es muy buena también. Aquí les dejo este video donde el personaje de Luna (Branka Katic) canta una hermosa canción turca durante una velada en la playa de Hamburgo:





Más sobre Turquía

Foto y más sobre Turquía en el blog de Mototurismo

Crónica de viaje sobre Turquía en el blog ¿Dónde andan estos?

Fatih Akin














  • Más sobre Fatih Akin aquí
  • Más sobre Christian Paul (Juli) aquí

Video donde Juli y Daniel viajan de polizontes en un barco que cruza el Danubio




miércoles, julio 29, 2009

Historia de amor en el tren a Estambul


Estaba revisando mi correo de Hotmail cuando descubro en la publicidad un cortometraje en formato flash acerca de un hombre que busca desesperadamente a una mujer que descubrió por el olor de su fragancia (Chanel no. 5) durante un recorrido de tren cuyo destino era Estambul.

El ritmo de la película es intenso. Su protagonista, Audrey Tatou (el Código Da Vinci) recrea su personaje de la película Amélie: recatada en el vestido pero con el espíritu salvaje de una adolescente de la actualidad. De hecho, aunque el IMDB no señala quién es el director, uno puede inferir fácilmente por los planos, la fotografía, los personajes y el ritmo, que este comercial de Chanel ha sido dirigido por Jean-Pierre Jeunet, el mismo direcor de "Le fabuleux destin d'Amélie Poulain".

Tiene algunos clichés de las películas románticas: la muchacha solitaria y soñadora, el protagonista masculino (Travis Davenport) cuya imagen representa más bien homosexualidad, los escenarios románticos como el estrecho del Bósforo que separa Europa de Asia y sobre todo las estaciones de tren.

Habíamos hablado (aquí) sobre la inexplicable política del gobierno mexicano de desaparecer el servicio de trenes para transporte público. Este hecho canceló muchas posibilidades para el viajero: un acercamiento más profundo al paisaje nacional, el acercamiento a otras culturas con las cuales uno puede convivir en los vagones y claro, la eventualidad de un encuentro romántico como el de la película citada líneas arriba.

Yo tuve dos momentos románticos en trenes. Fueron despedidas y si bien esto anterior es triste, me quedó en claro que en algún punto de la realidad se apoyaban todas esas películas donde el tren era el vehículo del destino para separar amores y generar tristezas. El tren fue el invento más importante del siglo 19 y sigue vigente en casi todo el mundo como el medio de transporte más eficaz. Y todavía hoy permite que uno se despida con tristeza o encuentre a ese gran amor...

Aquí el cortometraje con la publicidad de Chanel No. 5 con Audrey Tatou de protagonista:

martes, septiembre 30, 2008

México: Obsesión con el picante
























Los mexicanos estamos casi obsesionados con el picante. Casi cualquier comida debe llevar salsa picosa, o acompañarse con un chile. Esta costumbre quizás tenga sus raíces en el profundo machismo que existe en nuestra sociedad. Quién sabe. Un sociólogo o un psicólogo podrían explicarlo mejor. La cosa es que no podemos vivir sin el picante y no entendemos cuando personas de otros países no lo toleran igual que nosotros.

No obstante, como he viajado, he tenido la posibilidad de darme cuenta que sí es posible comer sin ponerle chile a las cosas. Incluso, me he dado cuenta que algunas cosas saben mejor así, por ejemplo el arroz. Pero sobre todo, me he dado cuenta que otras culturas no consumen nada absolutamente de picante y he visto el efecto que causa a otras personas comer algo mexicano y picoso. He aquí unos ejemplos:

Estoy en una ciudad hermosa de Eslovaquia llamada Nitra, que está a unos 300 km de Viena, Austria. Ahí, hay un restaurante llamado "Mexico" y lo visito en compañía de una amiga llamada Monika. Yo pido un caldo Tlalpeño y ella unas sincronizadas de queso ypollo.


Las sincronizadas tienen en medio una rodaja, apenas visible, de chile jalapeño. Cuando Monika apenas prueba una gotita del vinagre que sale del chile, se pone roja. Casi se ahoga. No comprende cómo alguien puede comer eso.

Pedimos vasos y vasos de agua. Cuando por fin pasa todo, los dos sonreímos. Es sólo cuestión de acostumbrarse.

Mi amiga Raquel, madrileña, que hace un cocido y un arroz que están para chuparse los dedos, vino a visitarme un día a San Luis. Insistió en comer "lo mismo y de la misma forma que lo hacemos los mexicanos". Le advertí que eso era riesgoso pero insistió.

Comió de todo: tacos de bistek, chorizo, barbacoa, pastor, etc. ; gorditas de chicharrón, carne desebrada, huevo en salsa verde, etc. . Su regreso a España fue una pesadilla: tuvieron que darle algo en el aeropuerto de Frankfurt y pasó una semana recostada en su departamento de Madrid. la "Venganza de Moctezuma" que le llaman.

La obsesión de los mexicanos con lo picante y la actitud machista de comer y tomar duro es aveces infantil. Por ejemplo, una vez fui enviado a Chilpancingo, capital del estado mexicano de Guerrero - cerca de Acapulco - a un encuentro entre Organizaciones No Gubernamentales de Derechos Humanos. Llevaba una botella de Slivovice, un aguardiente checo. El que llevaba yo estaba echo en base a albaricoque. Tuve la osadía de de querer compartirlo con otros miembros de ONG´s que venían del resto de México, un día que tomábamos tequila que habían traído unos de Guanajuato. Mencioné que el slivovice que llevaba estaba hecho de albaricoque. Inmediatamente, la reacción de los otros fue de rechazo. Uno dijo: "es un aguardiente amariconado". Nadie tomó y yo guerdé mi slivovice para mejor ocasión. La actitud es infantil claro, por querer aparentar una hombría a la mexicana que es falsa: si los mexicanos fuéramos tan machos y tal no permitiríamos que nuestro gobierno carente de legitimidad nos pisoteara como ha hecho desde hace más de setenta años pero también porque se basa en la ignorancia. Por ejemplo, el slivovice es un aguardiente que no es dulce y que es mucho más fuerte que el tequila o el mezcal.

De igual forma, cuando los mexicanos viajamos, siempre tenemos que preguntar a los países que vamos si hay picante en tal restaurante, en tal puesto de Kevabs, o en la pizzería, tratoría, etc. . Es normal. Pero sería bueno tratar de comer como hacen en los lados que visitamos, para comprender dichas culturas y disfrutar de la diversidad que existe, afortunadamente, en el mundo.