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jueves, julio 30, 2009

El Facebook de Hitler

El otro día vi en el perfil de una amiga que David Lynch y el cardenal de la Ciudad de México tenían su página de Facebook. Hoy todo el mundo tiene, incluso el diablo, como anuncia PC World. Desde luego, tiene amigos como Genghis Khan, Stalin y la Asociación Norteamericana de Telemarketing.

Pero cuál sería mi sorpresa cuando descubrí que el mismo Hitler tiene su Facebook:






















Lo que hay que ver en el mundo del ciberespacio :) El Facebook de Hitler aquí

martes, abril 15, 2008

El Papa promete menos pederastas en la iglesia









"No habrá más sacerdotes pederastas" prometió el Papa Benedicto XVI, según la agencia Reuters . El ex llamado Panzer Cardenal, dijo sentirse "profundamente avergonzado" por los abusos sexuales que sacudieron a la Iglesia Católica en Estados Unidos, y prometió que hará todo lo posible para evitar que se repita el escándalo.

"Excluiremos absolutamente a los pedófilos del ministerio sagrado," señaló a periodistas a bordo del avión que lo lleva a Washington en su primera visita a Estados Unidos como Pontífice."Estamos profundamente avergonzados y haremos todo lo que sea posible para que no ocurra en el futuro."

Sobre este tema, hay algunas cuestiones a resaltar: ¿la promesa sólo se hace para los ciudadanos de Estados Unidos, excluyendo, por ejemplo, a México, país que es paraíso de los abusadores de niños ya sea de origen político, religioso o de poder económico? y otra que también es clave ¿Esta promesa cómo se cumplirá? Se ve difícil que pueda evitarlo. Lo que es más factible es que el Papa oculte los abusos que sus sacerdotes cometen a diario, siguiendo el ejemplo de la iglesia mexicana. En todo caso, más allá de que lo evite, también quisiéramos que los denuncie y que intervenga la justicia de cada país para castigar a todo aquel que sea un pedófilo, sin importar si es sacerdote, político o "gran empresario".

Las promesas del Papa parecen, más bien, las de un político que va a decir lo que su clientela política quiere escuchar...

Notas relacionadas:

Carta a un protector de pederastas

Viaje Ácido de un niño violado por un sacerdote católico

La "Suprema" Corte de Justicia de Mèxico cierra los ojos ante los pederastas y la pornografìa infantil

Los vídeos de Calderón en Milán que no transmitieron Televisa y TV Azteca


Berlusconi: Similitudes de Italia con México


Magritte - Berlusconi, trabajo subido a Flickr por Gian-boy.

Berlusconi ha ganado las elecciones para presidente en Italia el domingo pasado, derrotando al socialista Veltroni. El hecho no deja de recordarme cuán parecidos son los italianos (especialmente los del sur) con los mexicanos. El admirado país del renacimiento y el calcio quizás es el país europeo que más se asemeja a nosotros.

Por ejemplo, en la importancia que tiene la religión católica, o la trascendencia de la figura materna en ambas culturas, el gusto por la fiesta y la música, pero también la tolerancia y simpatía por la corrupción política que miembros de ambas sociedades tiene por los personajes poderosos ligados a la corrupción y el abuso.

Por eso no extraña que Berlusconi haya ganado en Italia por tercera vez una elección presidencial, pese a las acusaciones de corrupción (por lo menos 13) que tiene en su contra el dueño del A.C. Milán. De igual forma, también es explicable por qué en México se ve con simpatía a los políticos corruptos - o que toleran la corrupción - como Felipe Calderón, el presidente impuesto a México, que llegó al cargo de manera irregular y que ha mantenido en el cargo a su secretario de gobierno (ministro del interior) que confesó haber hecho negocios al amparo de su cargo público. Si en Italia, como parece, hay una admiración y respeto por los hombres con poder económico - aunque haya sido obtenido mediante prácticas delincueciales o abusivasd - en México tenemos un popular dicho que los italianos también parece aprobar: "el que no tranza no avanza..." quizas por eso ganó Calderón...quizás también por eso ganó Berlusconi...

jueves, enero 03, 2008

Carta a un protector de pederastas

Un periodista revela cómo fue acosado sexualmente por un sacerdote católico...

"Cuando fray Gilberto regresó, me invitó a rezar las últimas oraciones. Yo dormiría, me dijo, en su cama y él en el suelo. Luego sucedió la pesadilla de aquella noche..."



Como es amliamente reconocido,
México es un país cuyas instituciones, como la Suprema Corte de Justicia, protegen a las redes de pederastas, sobre todo si estos pederastas pertenecen a la iglesia católica. Un ejemplo está en este post. No obstante, algunos periodistas,como Leopoldo Mendivil, no se detienen en su lucha por denunciar esta situación. La carta que añado a continación apareció en el periódico Crónica, está dirigida al cardenal de la Ciudad de México, Norberto Carrera, a quien se le acusa de proteger curas pederastas. En esta carta, el periodista narra s experiencia al ser acosado por un cura pederasta cuando era niño. La carta es valiente e ilustradora de la desesperante situación en México acerca de los derechos humanos y la indefención de los niños ante los pederastas:


"CARDENAL NORBERTO RIVERA, ARZOBISPO DE MÉXICO:
Sus palabras, tomadas de la grabación de su sermón en la misa que ofició para las reclusas de Santa Martha Acatitla el 17 de diciembre, fueron:

“… Tantas cosas hacen peores, no matan el cuerpo del hombre pero es una víbora que mata la fama de los demás, y ustedes se encuentran aquí, pero también afuera (hay) gente que mata la dignidad, el buen nombre de las personas, verdaderas prostitutas, verdaderos prostitutos de la comunicación y no les importa si sean inocentes o no, con su sentencia ellos juzgan, ellos condenan y para ellos no hay más justicia que la que ellos dictan”.
Así barrió por parejo, cardenal, a periodistas, mujeres y hombres, sin distinción, sin inocentes, sin grados de culpabilidad o de inocencia. Sin juicio, incluso.
Hay otros, cardenal, que con sus actos matan otra clase de valores, como la fe en la religión que ellos representan. Sobran casos y sobran acciones con las que ellos pueden matar la dignidad; pero hay una que, así no haya logrado su objetivo, humilla para siempre:
La del pederasta con sotana.

Como no hay mejor ejemplo que el propio, voy a contarle a grandes rasgos la noche en que murió, asesinada, mi creencia en la Iglesia Católica Apostólica Romana:
Ocurrió en Durango —su ciudad, mi ciudad, cardenal— el Viernes Santo del año 1952.
Cursaba el sexto año de primaria en el Instituto Durango, un colegio de la orden franciscana. Pertenecía al coro del colegio, integrado ese mismo año por algunos de los frailes cuya casa formaba parte del templo de Los Ángeles, allá, usted sabe, donde comienza el Parque Guadiana. Fray Gilberto, fray Rigoberto y Fray Junípero organizaron lo que sería también un medio para buscar candidatos al seminario y como se trataba de convencernos, nos invitaron a pasar con ellos el Viernes Santo. No a todos los miembros del coro, sólo a los que, supongo, consideraban más aptos para tomar el camino de la Iglesia, pero el respeto me obliga a guardar sus nombres, sobre todo porque algunos, al menos por un tiempo, siguieron ese camino.

Como la casa de los franciscanos no tenía espacio para huéspedes, cada uno de nosotros dormiría en la celda de uno de los frailes. Fray Gilberto me invitó a compartir la suya.
Fue un día muy agradable que transcurrió entre actos ceremoniales, deportes, charlas sobre la conmemoración de la muerte de Cristo, la historia y los hechos de los apóstoles, etc., pero por la noche se nos instruyó retirarnos a las celdas correspondientes en tanto ellos culminaban el ritual de la crucifixión con una ceremonia secreta, en el templo. Así debió ser, pero alguno sonsacó a los demás que quisiéramos presenciar el ritual, a subir en silencio al coro. Y varios lo hicimos, cardenal. Pudimos ver a los frailes y a los sacerdotes orar primero, en latín, conducidos por el superior de la orden y director del colegio, y luego desnudarse el torso y azotarse la espalda con los lazos de los hábitos. Cuando los azotes terminaron, perturbados nos fuimos, silenciosamente otra vez, a las celdas.

Cuando fray Gilberto regresó, me invitó a rezar las últimas oraciones. Yo dormiría, me dijo, en su cama y él en el suelo. Luego sucedió la pesadilla de aquella noche. No la voy a describir; sería demasiado aunque por fortuna no duró más de un instante, cardenal, porque el tamaño del susto me hizo reaccionar rechazando lo que no conocía pero el instinto, supongo, encendió mis alarmas lo suficiente para que el fraile las detectara cuando vio mis ojos clavados en la puerta de la celda. Pidió perdón, se tumbó sobre la colchoneta tendida en el suelo y para nada se movió ya. Ignoro cuánto tiempo estuve despierto pero fue una larga, terrible vigilia.
Días después, en el colegio, fray Gilberto me preguntó si estaba enojado. No respondí ni conté aquello a nadie. Mis padres murieron muchos años después sin enterarse. Mis hermanas menos; tampoco mis amigos y en los 55 años que han transcurrido desde aquella noche de Viernes Santo sólo unas cuantas personas conocieron la historia y la explicación del retiro irrevocable que me auto-decreté de la Iglesia… Y de Dios, cardenal, porque a fuerza de rumiar muchísimas veces aquel pasaje de mi infancia nunca pude justificar que ni por haber sido la conmemoración de la muerte de Cristo aquel individuo, que se preparaba para ser Su-representante-en-la-Tierra, hubiera intentado eso conmigo…

Desde entonces, salvo escasas ocasiones en que intenté cambiar, sigo fuera de su Iglesia, cardenal… Y en cuanto a Dios, las cada vez más infrecuentes ocasiones en que recordaba el incidente, le reclamaba cómo podía permitir a Sus “ministros” ensuciar Su nombre sin castigar, entre tantas conductas inmorales que les hemos conocido, esa, quizá la más vil, de la pederastia.

Soy, con orgullo, periodista, y comparto con mis colegas el calificativo que como Príncipe de su Iglesia nos endilgó, a todos, de “verdaderas prostitutas, verdaderos prostitutos de la comunicación”. Por eso decidí revelar públicamente aquella noche de Viernes Santo que he cargado por décadas con vergüenza y rabia, no por lo que —quiso Dios, quizá— logré impedir, sino por el recuerdo de aquel fraile vestido con el hábito franciscano, intentando ensuciarme… Y por el honor de los que no pudieron evitarlo.

Respondo también, cardenal, a su bautizo, con esta revelación como un reclamo enérgico por su insolencia contra periodistas que cumplimos la función social de denunciar, pruebas vistas, a “los verdaderos prostitutos” que en la Iglesia y fuera de ella atentan contra leyes, creencias, famas, dignidades, vidas, patrimonios… Los primeros, malamente escudados en el nombre de Dios, pero protegidos por sus superiores.

lmendivil@delfos.com.mx, m760531@hotmail.com "

Post relacionado con los pederastas en la iglesia católica: "Viaje ácido de un niño violado por un sacerdote católico"